Poliamor chilango

¿Amarrarte a una sola persona? Para los poliamorosos de la capital, donde se estima viven siete mil, la vida no tiene que ser así.

Alejandra Aguilera tiene tres novios desde hace casi dos años. Cada uno sabe de la existencia de los demás y todos, a su vez, mantienen relaciones amorosas con otras mujeres. Incluso, uno de ellos está casado con una joven, quien también se relaciona con otras parejas.

Para todos ellos, en el amor no debe haber barreras ni restricciones. La mayoría no piensa en el matrimonio ni en tener una sola pareja —sexual o sentimental—, pues considera que estas ideas están rebasadas. En cambio, lo suyo es vivir en poliamor.

Este concepto es conocido desde la década de 1960, cuando se expandió la revolución sexual, y consiste en querer a varias personas a la vez de manera consensuada, es decir, sin que esto implique ser infiel, de acuerdo con la definición promovida por quienes lo practican.

“[Es] la postura ética que reconoce la posibilidad de construir simultáneamente más de una relación afectiva, íntima, pasional y comprometida”, se lee en uno de los grupos de Facebook que aglutinan a esta comunidad en la capital del país.

Alejandra, psicóloga de profesión, cuenta que decidió practicar el poliamor hace tres años, cuando se percató de que el amor monógamo no le bastaba para ser feliz.

“Yo me iba a casar y terminé esa relación porque me di cuenta de que quería más que pasar el resto de mi vida con una misma persona. Hablé con mi pareja sobre poder tener una relación libre, pero al final terminamos”, recuerda.

En la Ciudad de México, el poliamor se ha extendido desde hace alrededor de una década. Hoy, los grupos que existen en Facebook estiman que hay entre 800 y siete mil poliamorosos en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), es decir, la capital y los municipios cercanos del Estado de México.

Cambiar el chip de la monogamia

La primera vez que Julio Jerez escuchó el término poliamor fue hace nueve años, en un programa de radio. El concepto llamó su atención y a través de internet contactó a otras personas con sus mismas inquietudes en torno al tema.

Tiempo después, gracias a su participación en el colectivo Poliamor en México, pudo vivir su primera relación poliamorosa.

“Para lograrlo tuve que reconstruirme emocionalmente. No es fácil quitarte el chip de toda tu vida sobre que una relación es monógama y se acabó. Tienes que ponerte uno nuevo que evite celos y posesión, que asimile al otro y a ti mismo como una persona libre, a la que amas y respetas, pero que no te pertenece”, dice.

Romper las cadenas

Desde hace cinco meses, Lucía Ramírez vive con dos hombres en un departamento de la colonia Narvarte. A ojos de sus vecinos, ella, Sebastián y José solamente son roomies. Sin embargo, los tres sostienen una relación.

Son jóvenes —no rebasan los 30 años—, comparten interés por el arte, la música y la defensa de los derechos humanos, y decidieron vivir juntos porque, según lo describe Lucía, caminan en la misma dirección a pesar de que tienen ocupaciones distintas.

El vínculo empezó a formarse cuando, después de que se conocieran en la universidad y formaran parte del mismo grupo de amigos, ella se enamorara de los dos. A raíz de esto, hablaron y hace un año llegaron a acuerdos para entablar una relación, y uno de ellos es que Sebastián y José no tienen contacto sexual.

“Fue muy difícil porque tuve que ser honesta, primero conmigo y luego con ellos. Decidimos adentrarnos en el poliamor porque era lo más cercano que teníamos para lo que vivíamos y, pues, nos aventuramos. Ahí nos dimos cuenta de que lo que sentíamos era genuino, y que estaba más allá de la comprensión de los demás”, dice Lucía.

Su historia es similar a la de Víctor, quien tenía 23 años cuando descubrió que es posible tener varias relaciones serias de manera paralela, sin que cada una esté peleada con la otra o se caiga en una infidelidad.

Desde entonces, asegura, su filosofía es la siguiente: “Haré y viviré de la forma en la que me sienta más feliz, sin verme obligado a la monogamia, o bien, viviendo en ella si me nace hacerlo, pero siempre libre”.

Para quienes lo defienden, el poliamor es sólo una opción afectiva más en una sociedad marcada por convenciones viejas, las cuales cada vez están más en entredicho. Un reflejo de esto, dicen, es el aumento de divorcios, que en 1993 era de cinco por cada 100 matrimonios y, actualmente, es de 19 por cada 100, según cifras del Inegi.

“La fidelidad es un concepto impuesto que no está relacionado con si se tiene respeto o no a la pareja. Es instintivo y no tiene que ver con el contacto físico. La honestidad y la comunicación sí hablan de respeto. Tú puedes comunicar tus deseos, los cuales pueden o no ser aceptados por tu pareja, y su decisión no implica una ruptura como sí lo hace cuando alguien es infiel y miente”, afirma Alejandra.

Del mismo modo, Julio asegura que el poliamor “es algo que siempre ha estado presente en el mundo y que no es antinatural… Es la forma de demostrar que el amor no tiene por qué estar sujeto a la idea del amor eterno”.

En cifras

  • 7000 personas practican el poliamor en la ZMVM, según diversas estimaciones.
  • 57% de las personas ha sido infiel al menos una vez en su vida, según el portal Second Love.
  • 19 divorcios por cada 100 matrimonios se registran en el país, según cifras del Inegi.
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