¿Qué hacemos con el unicel?

En la CDMX de genera el 30% del desperdicio de unicel a nivel nacional. Arte, Andree Ávalos
En la CDMX de genera el 30% del desperdicio de unicel a nivel nacional. Arte, Andree Ávalos

La CDMX genera el 30% de este desperdicio a nivel nacional, que ocupa demasiado espacio en los basureros y es difícil de reciclar.

ARTE: ANDREE ÁVALOS

La Ciudad de México tiene un problema con el unicel: genera 30% de su desperdicio a nivel nacional, y como se utiliza en muchas cosas, no se degrada y su reciclaje es poco rentable, está terminando de saturar los pocos basureros que funcionan en la ciudad.

Incluso, a pesar de las grandes cantidades de unicel que se tiran a la basura, la Secretaría de Medio Ambiente local (Sedema) no cuenta con una estadística específica para este material y lo engloba con otros, considerados de manejo especial que sí cuentan con procedimientos de reciclaje.

Por ejemplo, el Inventario de Residuos Sólidos indica que en la ciudad no se recicla ningún porcentaje de unicel, mientras que de otros plásticos se reutiliza 3.5% de las 51 toneladas que se generan al día.

El poliestireno expandido o EPS —el nombre técnico del unicel— es considerado basura de manejo especial junto con el PVC y los plásticos PET. De esta categoría, cada día se producen 17.21 toneladas de desperdicios y se recicla 9.1%, sin embargo, un estudio de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) detalla que la mayoría de lo reciclado son botellas, pues del unicel se recicla menos de 1%.

Los productos más comunes de este material y que más se desechan son las placas para construcción, empaques y embalajes, vasos, platos y charolas. Y aunque, como todos los derivados del petróleo, tiene un impacto ambiental, especialistas afirman que la principal dificultad para tratarlo está relacionada con su volumen.

“El verdadero problema del unicel está en las cantidades producidas, en la disposición y el aprovechamiento”, dice el presidente de Dart de México y Recicla Unicel, Gerardo Pedra.

El especialista explica que el poliestireno expandido es un material compuesto por 95% de aire y 5% de plástico, no es biodegradable, pero tampoco contamina los mantos freáticos. De esta manera, dice, los verdaderos conflictos son los grandes espacios que ocupa en los tiraderos, y que su reciclaje no se ha vuelto tan rentable como en el caso del PET.

Al respecto, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) dio a conocer en 2013 que en México se consumen cada año más de 13 mil millones de piezas de poliestireno entre vasos, platos, charolas y placas dedicadas a la construcción. En suma, todo esto representa un volumen de 350 mil toneladas que no se van a degradar.

“Hasta hace unos años, sólo existían dos plantas de reciclaje de la empresa Dart que están ubicadas en el Estado de México, pero ahora con Rennueva, en la delegación Cuauhtémoc, se está abriendo la puerta para que la industria de la transformación crezca”, dice Gerardo Pedra.

De acuerdo con el especialista, si en cada delegación se estableciera un centro de acopio de unicel, como hoy ocurre con los metales, PET, papel y vidrio, se generarían nuevos empleos y se podrían reducir los costos del procesamiento hasta un 40%.

Por ejemplo, mientras una tira de 25 vasos de unicel cuesta 10 pesos, es decir, 40 centavos por vaso, actualmente reciclar un kilogramo de poliestireno expandido cuesta entre 10 y 15 pesos.

Mejor reducir sus daños

Para especialistas, el alto volumen de desperdicios de unicel en la ciudad se debe a la cantidad de población y a los hábitos de consumo, pues a diferencia de otras entidades en donde la gente que trabaja puede volver a casa para comer, en la capital es más común “pedir para llevar” y usar charolas de unicel, lo que provoca que el volumen de este desecho aumente todos los días.

De acuerdo con un estudio, elaborado por la ANIQ, sobre la vida útil del poliestireno expandido, aunque más del 50% de este material es utilizado para la construcción, por su facilidad de mantener temperaturas estables, los empaques para alimentos —vasos, platos y charolas— equivalen al 25% del total restante.

Para reducir el impacto ambiental, visual y de espacio que causa el unicel, el presidente de Recicla Unicel sugiere separarlo del resto de la basura, llevarlo a los centros de acopio como el que se ubica en la delegación Cuauhtémoc y, al momento de desechar los vasos y charolas, retirar la mayor cantidad de residuos orgánicos para facilitar el proceso de reciclaje.

Actualmente las dos plantas que reciclan menos del 1% del poliestireno expandido del país se ubican en el Estado de México, y de las 1,500 toneladas recibidas cada año, el 90% de los desechos provienen de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).

En dichas plantas se lleva a cabo un proceso en cuatro fases que inician con el acopio; en segundo lugar se succiona el aire del unicel para reducir su volumen y obtener sólo el plástico con el que está hecho; posteriormente se muele para crear una nueva materia prima y por último se fabrican objetos que no tendrán contacto con alimentos, como productos escolares, ganchos para ropa y marcos para fotografías, entre otros enseres de plástico.

“Y aunque igual es un plástico que genera un impacto ambiental, la diferencia es que estos productos pueden reciclarse constantemente”, explica Gerardo Pedra.

En cifras:

  • 105 mil toneladas de desperdicios de unicel se producen al año  en la CDMX.
  • 15 pesos cuesta el proceso para reciclar un kilogramo de unicel.
  • 15 mil millones de piezas de unicel se utilizan cada año a nivel nacional.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.