¡Bravo!, ¡vendimos el petróleo!

Señor presidente, lo logramos: el petróleo, ora sí, ya no es nuestro. Las señoras y señores legisladores estamos orgullosos desde el esfínter hasta el paladar. No es alarde, pero desde que votamos sabrá Dios qué nos hemos sentido unos demócratas. Qué digo demócratas, somos unos patriotas. Shell, incluso, quiere nombrarnos los mexicanos del año. Es una pena que a la gentuza se le haya metido la idea de que acabamos de orinar sobre la tumba de Lázaro Cárdenas. Pobres, ya no hay nadie que los aguante. ¿Por qué no entienden que fuimos elegidos para hacer lo que nos dé la regalada gana? Ojalá un día se resignen a que la función del Honorable Congreso de la Unión es besarle la entrepierna a usted y a sus patrones.

Después de este entrañable saludo, señor presidente, le informo que, en el Senado, la policía nos salvó de la turba. Agradézcale de nuestra parte a su amigo el alcalde, dígale que él siempre tan obediente para mantener a raya a los rijosos. Pero agradézcale más a la indiferencia de la gente, sin ella la rebelión en tuiter y en féis estaría en las calles. A propósito, qué irresponsables fueron esos chicos que quemaron el arbolito de la Coca. Son unos salvajes. Un buen mexicano no hace eso ni se salta los torniquetes del metro ni quema las fachadas de los congresos. Un buen mexicano acepta más impuestos, aumento de tarifas y aguanta que lo pisoteen. ¡Carajo!, en qué momento esta gentuza pensó en que la única solución es una sublevación. Si han soportado tanto muerto, tanto desaparecido, tanta viuda y tanto huérfano, qué necesidad tienen hoy de mentarnos la madre, de llamarnos traidores y de desearnos mal. Pinche gente malagradecida. Nunca la tenemos contenta.

Pero yo le estaba diciendo que del Senado nos fuimos a la Cámara de Diputados para cambiar la historia. Fue bien bonito. Aunque debimos buscar una sede alterna, haber modificado la Constitución resultó una gran experiencia. ¿Cómo le diré? Joder al prójimo es una felicidad infinita. Gracias por darnos esa oportunidad. Eso es mejor que tener fuero y ganar millones sin trabajar. Nuestros hijos, nietos y toda la parentela deben alegrarse por tener en la familia a un héroe. Nuestro apellido será recordado por los siglos de los siglos, amén. Pinche López de Santa Anna, pues qué se creía.

Pero ya me desvié de nuevo. Mejor le cuento que en los congresos estatales vamos mejor de lo que pensamos. Los gobernadores nos han ayudado a contener los reclamos: sus policías son muy eficaces. Tunden gente como si estuvieran matando zancudos. Le informo, también, que entre el infarto de Andrés Manuel, la buena maiceada que les dio a los Chuchos y el pésimo gobierno de su amigo el alcalde no vemos por el momento un líder opositor que ande sonsacando a la gente.

Sin más por el momento, me despido y dígale a sus patrones que estamos para servirles. Nuestro deber es con ellos y nunca les vamos a fallar. El dinero, nuestra patria, se ha fortalecido.

La desmemoria nos absolverá.

Felices fiestas.

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(ALEJANDRO ALMAZÁN)