¿Cómo nos van a convencer?, por @dmorenochavez

Hace ya más de 30 años (siendo muy joven por supuesto), yo fui de esos miles que participaron en las manifestaciones ciudadanas que pedían básicamente dos cosas: el respeto al voto y el derecho a ser votado.

 Recuerdo que en 1982 participé en mi primera campaña electoral. Por fin participaban partidos que 3 años antes no podían hacerlo y se abría una baraja de candidatos a la presidencia que no se limitaban a uno o dos, como en procesos anteriores.

A partidos y ciudadanos, demandar el respeto al voto les costó –literalmente- sangre: cientos de muertos en enfrentamientos poselectorales en estados como Michoacán, Guerrero y muchos más.

En poco se parecen las elecciones presidenciales de 1988 y 2012, aún cuando persisten dudas legítimas sobre la calidad de esta última elección.

Saco esta historia a colación porque hoy encuentro pocas razones para explicar por qué se debe votar el próximo año.

Apenas faltan seis meses para elegir diputados, gobernadores en la mitad del país, alcaldes y diputados locales, pero no será sencillo que a los votantes se nos olvide que los mismos que pedirán el voto son aquellos que hoy han sido incapaces de enfrentar la mayor crisis política de los últimos años.

Y obvio, no sólo hablo de un partido.

En ese proceso tendremos que reclamarle a los partidos que nada hicieron para que el caso Casa Blanca tuviera implicaciones legales. Que simplemente aceptaron, prácticamente todos, que la Presidencia de la República lo considerara un tema explicado, aún cuando todos sus argumentos sólo hayan servido, en realidad, para confirmar que hay un conflicto de interés.

Que validaron el supuesto de que pedir legalidad, transparencia, rendición de cuentas, auditoría, es pedir “sangre y espectáculo”, como resumió Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia.

Que merece una explicación la frase de que este gobierno llegó al poder, después de seis años de manejar el Estado de México, sin saber qué tan grave era la inseguridad y la ausencia de un Estado de Derecho.

Que hoy sigue sin haber políticas públicas que nos den la certeza de que no se repetirá Ayotzinapa.

Que tampoco sabemos cuántos Tlatlayas más ha habido o habrá.

Que no tenemos la tranquilidad de saber que no se elegirán a nuevos José Luis Abarca como candidatos.

Que la corrupción de las cúpulas de los dos partidos principales partidos de oposición (es un decir) tiene remedio.

Valiente consuelo que esta misma clase política crea que las vacaciones de diciembre harán a todos olvidar (Aguante, Presidente, ya sólo faltan dos días para el maratón Guadalupe-Reyes).

Por eso, desde ahora, no está de más decir: quizá, en efecto, ya no vean miles en las calles en enero o febrero próximo. Pero eso no significará que todo haya pasado.

El golpe a la legitimidad del Presidente no lo cura el tiempo.

La convicción de que “Estado de Derecho” no es más que tres palabras sin sentido ahí sigue.

La certeza de que nuestra clase política es corresponsable de lo que hoy vivimos está probada.

No imagino qué nos ofrecerán en julio para que salgamos a votar.

( DANIEL MORENO CHÁVEZ)