Ellos contra nosotros

En su más reciente libro La lucha de clases. Los refugiados y el terror, Slavoj Žižek plantea el fenómeno de la nueva oleada de terror en Europa como la consecuencia natural de una lucha de clases entre clases privilegiadas (los europeos) y descastadas (los musulmanes, africanos, etcétera). El filósofo esloveno hace referencia a otro pensador, Peter Sloterdijk, para mostrar cómo el capitalismo voraz ha dispuesto un escenario que divide el mundo entre los que se encuentran al interior de las bondades del capital y el progreso, y aquellos que sólo pueden mirar a través de una ventana (o una televisión o un celular) la jauja de dispendio y ostentación de las clases privilegiadas. “[…] la globalización capitalista no representa tan sólo apertura y conquista, sino también un mundo encerrado en sí mismo que separa el Interior de su Exterior”.

Estos dos mundos se encuentran cerrados el uno para el otro. Ya lo dijo la judoca brasileña Rafaela Silva tras conquistar el primer oro para Brasil en los Juegos Olímpicos al hacer referencia a la favela en la que nació y creció (inmortalizada en la cinta de Fernando Meirelles Ciudad de Dios): “Ahí no hay mucho para hacer; no tenemos objetivos, nunca salimos de ahí…”.

El ostracismo social al que los dueños del capital someten a un alto porcentaje de la población ha dejado ya consecuencias catastróficas, como, por ejemplo, la inagotable fuente de reclutamiento que tienen los carteles en México. En otros países, como en los Estados Unidos, la falta de atención hacia grandes sectores de la población que se estaban quedando rezagados económicamente generó una rabia y un descontento tales que hoy hacen posible el fenómeno Donald Trump.

Ante semejante escenario de crispación y confrontación, la violencia parece ser la única alternativa con la que cuentan los distintos bandos en los múltiples frentes de combate que existen en la actualidad como, por ejemplo, el de la Reforma Educativa. Voces de grandes intelectuales en México como Juan Villoro, Adolfo Gily o Pablo González Casanova, han intentado ofrecer contexto e información acerca de la precaria posición de los maestros en México para tratar de combatir la narrativa de la clase empresarial y política que pretende reducirlos a personajes que no tienen nada mejor que hacer que atentar contra los intereses de las clases privilegiadas.

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Una de las primeras víctimas de los entornos polarizados es la capacidad para escuchar. La iniciativa privada cree —a pesar del desastre que semejante estrategia ha causado en este país al menos desde el gobierno de Calderón— que la vía para resolver los problemas es el uso de la fuerza pública. Creen que el gobierno es responsable de la situación actual, no por el estado de abandono en el que se encuentra el sistema educativo nacional, por la cerrazón e intransigencia mostradas en la elaboración y posterior instrumentación de una reforma educativa que reduce el desastre educativo del país al rendimiento de maestros que trabajan, mayoritariamente, en situaciones de precariedad extrema, sino por la “tibieza” mostrada ante las protestas de los maestros (no obstante la masacre en Nochixtlán).

La retórica del “ellos contra nosotros” tan propia del capitalismo voraz abisma las posibilidades de negociación y conciliación. Las protestas y los actos de resistencia son consecuencia de la absoluta indiferencia del poder con los que se encuentran en el exterior de los círculos de privilegio. A diferencia de la política de garrote por la que claman los empresarios, la CNTE ha organizado foros para exponer sus motivaciones y argumentos. La reflexión, la escucha y el entendimiento, aves de rara avis en la actualidad, parecen ser la única alternativa para distender las fuertes tensiones sociales. Y eso nos incluye a todos.