“El amor en tiempos de Tinder”, por @lucianopascoe

“¿Vamos a ver quiénes andan por aquí?,  me dijo una amiga. Me quedé a la espera de que preguntara a alguien o que se parará a ver desde la ventana. 

No. Sacó su celular, abrió la aplicación Tinder y empezó a aprobar y desaprobar una lista de caballeros que aparecían en su celular, con fotos de gran gallardía.

Le pregunté que si estaban cerca, me dijo que sí. Todos estaban, diría el clásico, a tiro de piedra.

A los minutos de su selección, uno de los caballeros le mandó mensaje para ver si estaba en ánimo de ir a tomarse una copa. Ella dijo que sí y se fue a verlo a un bar cercano.

A partir de ahí empecé a pregunta‎r si la gente sabia de esa aplicación. Mi sorpresa fue grande al ver que es una aplicación rémora de Facebook -esto es que se nutre de esa red social- y que tiene una enorme cantidad de usuarios.

Desde el origen de la vida comunitaria, los seres humanos buscamos más y mejores formas para socializar, pero más concretamente para enamorarnos.

La potencia de la búsqueda de pareja nos lleva a desarrollar ‎todo tipo de artificios, fechas, ritos y ahora tecnologías.

Seria un error confundir estos esfuerzos con promiscuidad. La realidad es que este tipo de red lo que construye es una gran cantidad de posibilidades para lograr aquello que es hoy el gran sueño moderno: encontrar a nuestra media naranja.

‎Pasamos años soñando con esa posibilidad, con la fantasía vendida por nuestra forma de vida, de que hay alguien perfecto allá afuera, para nosotros. Ahora debemos a ese sueño una búsqueda frenética, pero no histérica de nuestros tiempos por el amor.

Tinder no es más que un síntoma. Un síntoma de una sociedad que se niega a rendirse frente a la violencia, la voracidad urbana, la batalla diaria. Una sociedad que ante todo quiere encontrar amores hondos, amores que sean una historia en sí misma.

Curiosamente esta red lo que genera es una lista de usuarios, basándose en tus amigos de facebook, pero te conecta con los segundos o terceros niveles: los amigos de tus primos, los primos de tus amigos. Las amigas de tu concuño. Así que siempre es gente nueva pero no lejana. O no demasiado. Con ello se mejora la posibilidad de éxito.

No es fácil, ni lo será. El amor está siempre evadiendonos hasta que lo capturamos.

Esa captura ‎es más que un triunfo. Es, casi siempre, el inicio de una nueva era en nuestras vidas. Eras que deseamos estén repletas de solidaridad, compañía, risas y familia.

Atrás de cada nueva iniciativa para crecer nuestras opciones de “ligue” está, en el fondo, una nueva forma de la sociedad para hacer nuevas y mejores historias de amor.

Aún cuando en el camino haya muchas historias que no se concretan.

Así que hay que aplaudir estas iniciativas que, con talento y creatividad fomentan que se rompan barreras geográficas, políticas, sociales y económicas y la gente encuentre a su gente.

Al final eso es lo que todos queremos.‎ Encontrar el amor en tiempos de Tinder, Twitter y Facebook.

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(LUCIANO PASCOE RIPPEY / @lucianopascoe)