Eulen cops

Te extravían el equipaje, las aerolíneas juegan contigo a las conexiones imposibles, te resignas cuando en la puerta de embarque anuncian una demora o la cancelación de tu vuelo, te obligan a apagar tu música a la hora del despegue y del aterrizaje, aceptas los asientos incómodos de la última fila y debes desembolsar 204 pesos para que un taxista ñero y con corbata te lleve de malas a casa. Hay algo, sin embargo, que en el aeropuerto de la Ciudad de México quiebra toda actitud zen: los trabajadores de la empresa Eulen. Eulen, según leo en internet, es una empresa española que lleva 15 años en México. Se dedica a reclutar personal para seguridad, limpieza, mantenimiento y algo que dice “servicios auxiliares”. No recuerdo el día exacto de cuándo apareció esta empresa en mi vida, pero de pronto sus guardias comenzaron a ordenarme de mal modo que sacara la computadora de la mochila y la pusiera en una bandeja aparte, que me quitara el suéter aun bajo aquel frío de perros, que debía deshacerme de tal loción o tal pasta de dientes porque rebasaban los 100 mililitros permitidos y que, cualquier duda, ahí, metidos en un cubo de cristal frente a mí, estaban los artículos prohibidos para que no anduviéramos preguntando. Entiendo su trabajo, la paranoia terrorista de los gringos sometió a muchos países y hay que obedecer ciertas reglas fascistas. Lo que aún sigo sin comprender es por qué los Eulen cops son incapaces de sonreír o usar la lógica común. No quiero, por supuesto, que nos contemos la vida mientras nos fajamos la camisa o nos amarramos los zapatos. Sólo busco un trato de humanos. Miren por qué se los digo, queridos Eulen cops: Hace una semana sólo estaba de tránsito en DF, no pude salir a ningún lado. Luego entonces, si no me quitaron un sacacorchos en el aeropuerto de Madrid, donde hay justificaciones sobradas para decir qué pasa y qué no, ¿por qué en DF sí y dejaron que subiera un encendedor? ¿No es más peligroso lo segundo? Le pedí razón a la señora que me decomisó el sacacorchos. “Pos no sé, yo nomás sé que está prohibido”, me dijo con su cara de pitbull y yo supe que alegarle sólo haría que perdiera el vuelo. Conozco algunos aeropuertos, vienen incluidos en mi trabajo. En los de Tijuana, Juárez y Guadalajara, los militares y los federales son los que joden. De ahí en fuera, no conozco otro donde los guardias que se crean más grandes que las tinieblas. No sé si sea porque el chilango no tolera al chilango, no sé si sea porque cada pasajero tiene lo suyo y cae mal, o no sé si sea por el sueldo (en un clasificado leí que solicitaban mujeres de 20 a 40 años, en turnos de 12 x 24, para dar rondines y estar en el control de accesos del aeropuerto; prometen capacitación, sólo es necesaria la secundaria y actitud de servicio; las solicitantes deben tener facilidad de palabra y ser “tolerante a la frustración”; 5 mil pesos al mes, incluye uniforme y bono por capacitación). Lo único que sé es que seguiré topándome a los Eulen cops y que nuestra relación irá de mal en peor.

(ALEJANDRO ALMAZÁN / @alexxxalmazan)

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Ganó el Premio Gabriel García Márquez en 2013. Es tres veces Premio Nacional de Periodismo en Crónica. Autor de "Gumaro de Dios, el caníbal"; "Placa 36", "Entre perros", "El más buscado" y "Chicas Kaláshnikov y otras crónicas".