El murmullo mexicano

Dicen que las cosas se van a poner duras. ¿Quiénes dicen? Pura lengua.

Yo lo que digo es que pareciera que estamos en negación. Cruzo diario, ida y vuelta, por en medio del centro comercial sobre Paseo de la Reforma y las tiendas están llenas de gente aprovechando las ofertas de inicio de año. Compran, compran y compran, endeudándose. O mejor dicho: se endrogan. La gente como turba, en redes sociales, dice que hay que consumir sólo lo local. ¿Qué es lo local? ¡Sabrá Dios! ¡Sabrá la morenita del Tepeyac! Starbucks sale al quite diciendo que su versión local es una empresa dirigida por un corporativo netamente mexicano y que tienen bebidas hechas con rico café de Oaxaca, además que le dan empleo a un porcentaje enorme de mexicanos güeritos. A mí de entrada me parece imbécil gastar más de 50 pesos en un café con leche. “Haz patria, no bebas frapuchinos”, diría mi pancarta. Una experta en la barra de opinión nocturna de TvAzteca decía anoche que para realmente boicotear a EUA tendríamos que dejar de consumir sus importaciones y pues que eso, la verdad, está complicado. O, mejor dicho: no son enchiladas.

En todo caso dicen que hay que consumir productos mexicanos. Es sintomático que el tren del mame en boga sea el nacionalismo. Estamos huérfanos de patria desde hace varios sexenios, yo digo. La gente idea un par de hashtags y luego luego aparecen los memes cotorrones y con alta carga de clasismo. Adiós algo norteamericano. Hola algo mexicano. Un side by side aún más torpe que el “yo merengues” de hace unos meses.

Ejemplos:

Adiós, el payaso de las películas de miedo Saw. Hola, Lin May.

Adiós, Tupperware. Hola, envases de Alpura.

Adiós a las armas. Hola, Juan Rulfo.

Mi cuate Ramón Carazo dice que el problema de los mexicanos es que no nos tomamos nada en serio. Siendo la seriedad una de las pocas cosas buenas que tiene convertirse en adulto.

Un amigo tuiteó exaltado y justificando su gasto desmedido en transporte privado: ¡Lo bueno es que Uber es holandesa! Me parecería ocioso verificar ese dato, además tendría que hacerlo usando al imperial Google y pues, ¡así cómo!

Estamos demasiados acostumbrados a una sosa cultura del privilegio. Mi amigo Marco Dávila dice que en sus tiempos, inicios de los 90, soportamos cosas peores, dice —y tiene razón— que todo volverá a ser como antes que le teníamos que encargar medicinas y juguetes gringos y zapatos Nike a nuestras tías que se iban de vacaciones una semanita a Epcot. Mi madre asegura, desde siempre, que la Aspirina gringa es mejor que la de acá. También me ha dicho que está preocupada por los saqueos, que no ande tan de noche en la calle. Dicen que los saqueos eran de a mentis, nomás para asustar a la población ya de por sí asustadiza. Dicen. ¿Quiénes chingados dicen? Precisamente por andar de noche en la calle es que, en una fila del Oxxo, me tocó escuchar a unos chavitos decir que deberíamos de tratar mal a los norteamericanos que andan acá haciendo turismo y comiéndose nuestros tlacoyos y bailando pegadito con nuestras mujeres. Mi novia dice que el racismo no se combate con racismo. Mi amigo Toño, al que acompañé por unos Marlboro a la tienda en la situación hipotética del mini súper, está desempleado y me dice que lo que él cree es que a Trump no le dejarán hacer nada de lo que prometió y que además ya existe un muro, que son pendejadas y que nada va a cambiar. En un grupo de Whatsapp varios compas se están poniendo de acuerdo para ver el domingo el Super Bowl, uno propone chelas y alitas. Otro, con el águila devorando a la serpiente encima de un nopal en su avatar, propone verlo comiendo champurrado y tamales de rajas. Un tercero dice que si somos tan nacionalistas dejemos de usar Whatsapp para comunicarnos y que todos somos putos. Aquello acaba con memes que, tristemente, son tropicalizaciones de memes gringos. ¡Caramba!

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En otro grupo se ponen de acuerdo, quizá con demasiada antelación, para ver los premios Óscar.

A mi amigo Daniel Miranda le da mucha risa que desde hace unas semanas todos los encabezados del periódico deportivo Record hacen referencia a algo del muro. “La chivas derriban sus muros”, “No hay muro que detenga al Chicharito”, “No hay muro que detenga a los pumas”. O al Atlas o al que esa semana haya metido un gol de tiro libre desde afuera del área. Mercar con el hecho de que nos va a cargar el payaso está medio ruin, ¿no? ¿Ud. qué dice?

Alguien dice que Superman también es un refugiado y compara a Trump con Luthor. Dicen que con Hilary estaríamos peor. Pictoline dice que el chamoy no es mexicano. ¡Lo que nos faltaba! En el estadio de Santos cantaron el himno nacional así nomás de repente y porque YOLO SWAG. Al menos es mejor que el ¡eeeeh, puto!, le digo a un taxista, afirmo que esa modita se repetirá en varios estadios durante la jornada 5. Él me dice que siempre hemos estado jodidos y que seguiremos jodidos y que Peña Nieto es un pendejo y que nuestro himno es bélico pero apenas si sabemos limpiarnos la cola. Desfronterízate, dicen en un comercial en la radio, en ese preciso momento. Otro pasajero (es un uber pool holandés) dice que su cuate que trabaja en el gobierno le dijo que va a temblar bien gacho a mitad de año. Yo digo que las medicinas ya subieron. No me alcanzó para mis antidepresivos. Y, acto seguido, me pongo bien melancólico. O mejor dicho: pachichi.

Peña dice que ñañañá y Slim dice que cuícuiris.

Yo lo que digo es que, como decía mi abuelita, ahora sí las peras se van a poner a 25.

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Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".