“Llaveritos de la torre”, por @apsantiago

Sus voces gruesas como tambores retumban a los pies de La Torre Eiffel, en el Palacio Nacional de Los Inválidos, a la entrada de la Catedral de Notre Dame. Donde sea: si una horda de turistas levanta la cabeza para llenarse los ojos con la arquitectura deslumbrante y portentosa de París, escuchará “¡Cinq pour un euro!”.

 Al bajarla, se enfrentará a la mirada blanca y la piel oscurísima de hombres que cargan un aro metálico.
En ese gancho de ropa doblado cuelgan montones de réplicas miniatura de La Torre Eiffel: centenares de llaveros imitación de la obra de ingeniería más célebre del planeta que agitarán como sonaja para que uno entienda que por sólo 1 euro (17 pesos) puede volver a su país con cinco souvenirs.

Siempre en grupo, cual escuadrones de defensa, se mueven discretos, ocupados por acercarse respetuosos al turista con un “monsieur”, “madame”, pero sin que su vista deje de ir de un lado a otro, como radar, para detectar a los policías de las “Compagnies Républicaines de Sécurité” que los persiguen.

De visita en Francia hasta ayer, intenté comprender algo de lo que esos hombres se decían en sus llamados cortos -órdenes que cruzan para cuidarse-, pero su lengua me era incomprensible.

Cuando me acerqué a preguntar supe que se comunican en los idiomas de la tierra de donde se fueron en pos de esa mejor vida que les representa ser comerciantes prófugos y mandar unos pesos a sus familias: Guinea, Malí, Burkina Faso, Benín, Níger, Costa de Marfil, Mauritania y, sobre todo, Senegal, el conjunto de países llamados alguna vez África Occidental Francesa.

Al turista, casi siempre, le cuesta pasar del placer de contemplar las columnas clásicas con exquisitos frisos de mármol, del “Oh, París” con el corazón retumbando, a la mirada de un negro que sólo halla en la embriaguez placentera del visitante un modo de sobrevivir. Por eso, al “¡Cinq pour un euro!” el turista suele responder con un disimulado gesto de recelo, como si lo acechara la posibilidad de un atraco.

Como su imagen molesta y, además, sus precios destruyen a la competencia de las torrecitas Eiffel “oficiales” de tiendas autorizadas (hasta 4 euros un solo llavero), la policía de París ha perseguido a los africanos hasta en los túneles del Metro, por donde han intentado escapar.

Pero la realidad es compleja y en este mundo de inmigrantes, de persecutores y perseguidos, al final siempre los perseguidos pueden más. O puede más el hambre.

No hay defensa: 150 años después de que Francia comenzara a instalar su imperio colonial en África, el continente que dio sustento a ese magnífico país europeo que hoy admiran 83 millones de turistas cada año, los africanos vuelven a Francia por lo suyo.

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(ANÍBAL SANTIAGO / @apsantiago)