La Oración de Francisco en México

Tomo retazos de los mensajes papales de esta semana y confecciono la que pudo haber sido la oración de Francisco en México. La oración que yo quise escucharle*:

“Padre nuestro, recuérdame que no eres sólo papá mío ni padrastro de los demás, que eres padre de todos.

Protégenos de los gobernantes que buscan el camino del privilegio, el beneficio de unos pocos (sus cuates) en detrimento del bien y que hacen de nuestro país terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia y el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.

Líbranos de los obispos y cardenales que se sienten príncipes y no testigos del Señor, que pierden tiempo en los infecundos clubs de intereses o de consorterías. Ayúdalos a superar la tentación de la distancia y del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del triunfalismo y de la autorreferencialidad.

Y, en cambio, concédenos obispos (y obispas) de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso y que no le tengan miedo a la transparencia. Que no se dejen corromper ni hagan acuerdos bajo la mesa. Que estén atentos y le entren al desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa.

Que no se refugien en condenas genéricas, sino que denuncien con coraje profético la proporción del narcotráfico, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, la gravedad de esa violencia.

Danos dirigentes que ofrezcan oportunidades (reales): vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz.

Ayúdanos a construir una política auténticamente humana y una sociedad en la que nadie sea víctima de la cultura del descarte, (que nadie sea desechable, desechado).

Que superemos el individualismo y que exista un acuerdo de las instituciones políticas, sociales y de mercado, para la búsqueda del bien común y la promoción de la dignidad de la persona.

Ilumina a los legisladores para que se comprometan y creen leyes antipobreza. Que legislen a favor de los millones que viven en la precariedad, en la escasez, sobreviven con lo mínimo, desesperan, sienten fuerte angustia porque no pueden seguir adelante y tienen niños que alimentar. Porque la precariedad no sólo amenaza el estómago, amenaza el alma, desmotiva, saca fuerza, pone tentaciones.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE MARCELA TURATI: CARTA A FRANCISCO

Perdónanos por excluir, discriminar, despreciar de modo sistemático y estructural a los indígenas. Detén a quienes, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los despojan de sus tierras y las contaminan.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Pero no ese pan a base del sudor del otro o hasta de su propia vida. Ese pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento. No esa riqueza que se adueña de bienes que han sido dados para todos, pero utilizados sólo para mí o los míos.

Aléjanos de la riqueza, la vanidad y el orgullo. Y haznos entender que el cuidado del otro, nuestra preocupación y ocupación por el pan, el nombre y la dignidad de los demás son fuentes de alegría y esperanza para vencer esas tentaciones.

Perdona nuestras ofensas y ayúdanos a rezar por aquellas personas que están enojadas, que tienen celos, envidia, por los que queremos, los que nos quieren, pero también para los que no queremos, los que no nos quieren y los que nos han hecho mal, que nos han hecho daño.

Te pedimos mucho por el corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos (los migrantes, los asesinados, los desaparecidos). Protégelos y protégenos de esa violencia que devora y segrega.

Cuídanos del demonio que nos hace resignarnos a vivir en un país fuertemente dominado por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad. Que la violencia no nos paralice, no nos atemorice, no nos atrinchere.

No nos dejes vencer por tantos dolores y tristeza. Necesitamos tu cariñoterapia, esa caricia que ayuda tanto a recuperarse.

Te pedimos que México sea un país donde no haya necesidad de emigrar para soñar, no haya necesidad de ser explotado para trabajar, no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de pocos. Para que México sea una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte (Amén).

 

*Los paréntesis son de mi cosecha, todo lo demás son frases de Jorge Bergoglio, el Papa, intervenidas por mí y entrelazadas, que tomé de sus discursos en la Ciudad de México, Ecatepec, Chiapas y Michoacán.

Compartir
Artículo anteriorPolicías, entre la cárcel y el sepulcro
Artículo siguienteNuevos espacios para la música
Fundadora de la Red Periodistas de a Pie. Colaboradora en la revista Proceso. Autora de "Fuego Cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco". Ganadora de varios premios internacionales entre los que destaca el Premio de Excelencia de la FNPI, Premio Wola de Derechos Humanos y Premio a la conciencia e integridad en el periodismo de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.