Periodistas con Ayotzinapa, por @alexxxalmazan

En octubre fui a Guerrero varios días y regresé a casa hecho mierda. Debió ser la manera en que la policía desapareció a los 43 normalistas, debió ser la edad y el futuro quebrantado de los chicos, debió ser el desconsuelo y la rabia que noté en los padres, debió ser la inconstancia y la desfachatez con la que la PGR trató el asunto, debió ser que abandonamos a un Guerrero que se ha tomado el tiempo para trabajar su propia apocalipsis. Lo que haya sido, regresé a casa tragándome el corazón, con ganas de encontrar a alguien con quién compartir la culpa.

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Horas más tarde, Marcela Turati me contó que otros colegas, igual que ella y yo, traían el ánimo pisoteado. Hay que hacer algo, le dije a Marcela y ella, que siempre va un cerebro adelante, ya tenía una salida: escribirles a los normalistas. La idea la habían masticado Marcela y otros amigos en Iguala, después de haber ido a una fosa donde se descubrieron 28 cuerpos calcinados. Como dice Marcela: “Habíamos visto de todo, pero nada como esto; o sí, pero no así”. Ayotzinapa no solo requería digerir el horror después del horror, también llevó a que en nuestros textos algunos hiciéramos pública una posición: Fue el Estado.

Dicen que lo verdaderamente inolvidable no necesita de un texto ni una fotografía para ser recordado. Aún así, Periodistas con Ayotzinapa es un blog/libro para que cuando lo olvidemos podamos volver a recordarlo. Marcela, Blanche Petrich, John Gibler, Arturo Cano, Emiliano Ruiz Parra, Wilbert Torre, Cecilia González, Lydiete Carrión, Elia Baltazar, Paris Martínez, Jacobo García, David Espino, Daniela Rea, Daniela Pastrana, Témoris Greko, Ángeles Mariscal… y tantos entrañables amigos quizá solo hemos escrito con la esperanza de que el mundo pueda mejorar y de que los 43 nos escuchen, donde quiera que estén.

Por lo pronto, aquí les dejo un fragmento del texto de Mardonio Carballo, Hora de no hacer nada:

Quizá sea hora de no hacer nada.

De quedarnos en la cama con la resaca de la pesadilla nocturna.

Quizá sea hora de guardar silencio.

De dejar a los medios de comunicación sin ningún escucha, sin ningún televidente.

O mejor aún, dejar de hacerlos.

(…)

Quizá sea hora de no hacer nada;

no jugar en Xbox juegos donde la sangre sobra,

de no hablar por teléfono, ni móvil ni de casa (…)

Quizá sea hora del silencio.

Quizá sea hora de no ir a la milpa,

de dejar vacías las centrales de abastos y las mesas citadinas (…)

Quizá sea hora de dejar de fumar marihuana o de inhalar cocaína.

De dejar a los que las producen, distribuyen, a los que matan por ellas sin negocio.

Por ofrenda, por el otro, por los otros, aunque sea un día.

No por moral ni demagogia: por el chilango sin rostro. Por los 43 que no aparecen (…).

Quizá sea hora de leer este modesto homenaje a los 43, aunque sea Semana Santa cuando todo mandamos al diablo.

Denle click en http://ayotzinapa.periodistasdeapie.org.mx

(Alejandro Almazán)