06066 | El sismo que desnudó a México

Opinión

Ha pasado una semana, y aunque estamos vivos, nunca volveremos a ser los mismos.

El sismo del 19 de septiembre cambió la vida de nuestro país y, ante el clima de encono, ansiedad y desesperanza que había impregnado en gran parte de la sociedad, terminó por darnos certeza de lo que realmente somos: una sociedad que cambió el encono por la empatía, que ante la emergencia ha sido capaz de organizarse, de arriesgar sus vidas para rescatar las de otros, de anteponer el bienestar del prójimo al de sí mismo y, sobre todo, consciente de que esta tarea no es de un día, ni de una semana o de un mes. Por el contrario, hemos aprendido a vernos las caras, a preguntarnos cómo estamos, a abrazarnos y a ayudarnos.

Pero el sismo también evidenció la ineficacia de quienes nos gobiernan, y una muestra de ello es la ausencia, al día de hoy, de un padrón confiable en donde podamos verificar los nombres de las personas que han sido rescatadas, el lugar en el que fueron rescatadas, a dónde fueron transferidas y, sobre todo, quienes aún están desaparecidos.

La ineficacia que vio a miles de ciudadanos abarrotar las ferreterías para conseguir polines, palas, picos y clavos para agilizar las labores de rescate.

La ineficacia que, cínicamente, ha llevado al gobierno a abrir sus propias cuentas bancarias para que podamos depositarles recursos para la reconstrucción de nuestro país, lo cual lleva inevitablmente a preguntarnos de qué sirven nuestros impuestos.

Pero si somos honestos, difícilmente podíamos esperar algo mejor de quienes nos gobiernan y que, durante años, no solo permitieron la proliferación de construcciones irregulares, sino también ignoraron las denuncias ciudadanas que alertaban sobre los riesgos que han quedado evidenciados. ¿En algún momento veremos a los responsables pagar por esto?

¿Los partidos políticos? ¡Par favar! Han sido los primeros en saltar de la oportunidad al oportunismo, anunciando “donaciones de recursos” que, honestamente, no son otra cosa más que regresar el dinero que les damos para usarlo donde sí se necesita, y habremos de ser muy cuidadosos en este tema, pues no faltará el partido que desde ya buscará sacar tajada política de la tragedia.

Y no nos hagamos bolas, pues al final, lo vivido en los últimos días es un retrato fiel de lo que realmente somos: una sociedad empática, entrona y chingona, pero gobernada por entes que no entienden, que no quieren entender.

Sí, el 19 de septiembre marcó la vida de todos los mexicanos de diversas formas, pero las pérdidas humanas nos obligan a mantener el espíritu de ayuda al prójimo y, por supuesto, la exigencia de justicia para ellos y sus familias.