Una no es ninguna

Bebo pero jamás me emborracho y para la mayoría de la gente entonces no cuenta. Les parece algo rarísimo, me consideran una pesada, sospechan de mi pasado y dan por hecho que jamás me he divertido.

Nunca falta algún curioso que me pida explicaciones, aunque en realidad ni esté dispuesto a escucharlas pues aparentemente no existe ninguna razón para no beber hasta perder el equilibrio. Un día que pedí un jugo cuando todos los demás pidieron alcohol, ante el bombardeo de preguntas se me ocurrió decir que era doble A y el cielo se abrió para mí: les pareció lo más lógico, al instante se acabaron los cuestionamientos, me sonreían, me veían con una mezcla de ternura y admiración; bueno, hasta me felicitaron.

Mi sobriedad a veces incluso los ofende. Hace unos días, por ejemplo, pedí un mojito de maracuyá no tan cargado y el mesero replicó: “Uy, pues no le va a saber a nada”. Reí pensando que bromeaba, pero no, indignado se dio la vuelta y se fue.

Solo los que me conocen bien saben lo mucho que me gusta el sabor del alcohol. Últimamente tengo un crush con la cerveza Páramo (para mí la mejor pale ale de las opciones artesanales mexicanas). En cada cena con mi güerito pelo de otoño hay vino tinto de por medio. No perdono un martini en las fiestas del dj Tudo Bem, ni una piña colada cuando estoy en la playa con mis papás. Suelo decidir en dónde comer a partir de lo que quiero beber, como cuando voy a Las Nazarenas con antojo de su cebiche y de su pisco sour…

Puedo beber diario, y tal vez bebo más que muchos, nada más que no de un jalón. No sé de crudas, mucho menos de remedios para la resaca, y al otro día de una fiesta siempre me acuerdo de lo que hice. Sin embargo, no debería ser un bicho raro si de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2016) solo el 10.3% de la población de entre 12 y 65 años registra un consumo excesivo de alcohol. Vamos, ni siquiera en Baja California Sur, donde se ha disparado el alcoholismo entre las mujeres, el que no me emborrache debería levantar cejas.

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