Estar detrás de una cocina ‘clandestina’

Al caminar por una calle de la colonia Doctores nos encontramos con un local cubierto totalmente de espejoS; hacia el fondo no se permite observar absolutamente nada, únicamente hay un letrero que dice “Hidden Kitchen”. Al buscar en internet descubrimos que es un proyecto de cocina y cenas itinerantes al que sólo se llega por invitación.

Detrás de este proyecto está el chef mexicano Gerardo Aguilar y la francesa Sandie Hamon, quien llegó a la Ciudad de México hace varios años.

La joven había experimentado proyectos similares en Europa y le había gustado mucho la idea, mientras que el chef había recorrido el continente por un viaje de estudios.

La primera cena escondida fue de prueba, invitaron sólo a los amigos de ambos, fue en la azotea de Sandie y resultó todo un éxito.

“Siempre es un lugar diferene, nunca en un restaurante, es insólito, fuera de lo común, escondido, clandestino, con propuesta grastronómica diferente, comensales que no se conocen entre sí y una ambientacion especial”, explica Sandie al presentarnos el proyecto.

Se trata de una cena mensual, a la que si quieres asistir debes ente-  rarte por medio de alguna de sus vías de comunicación o que alguien te la recomiende, envías un correo y si eres de los primeros 40 estás dentro.

Un día antes se te avisa la locación del lugar, antes lo único que puedes saber es la colonia. Sandie asegura que siempre buscan lugares desocupados en la Roma, Condesa, Juárez y el Centro.

“También estamos pensando en exportar Hidden cerca del DF; Cuernavaca, Tepoztlán, Teotihuacán, Oaxaca, Baja California, San Miguel de Allende, ya tenemos algunos spots”.

La cena corre a cargo, obviamente, del chef Aguilar, quien trabaja con productos de temporada y bajo una in- fluencia mexicana pero con la inspiración de sus viajes por el mundo.

El proyecto de Hidden Kitchen va dirigido a todo tipo de personas, de cualquier edad, siempre y cuando sean curiosas y estén abiertas a todo tipo de propuestas culinarias y a la convivencia.

En las cenas no hay sillas asignadas ni reservaciones, es una mesa imperial en la que todos conviven y disfrutan de esta experiencia por alrededor de cuatro horas.

“El encanto de Hidden es que, al final de la noche o del día, las personas que van a comer o cenar son muy versátiles, hay de todas edades, mexicanos, extranjeros, CEOS, empresa- rios, artistas, esa mezcla es muy única. Para la gente que viene es una forma de conocer a otras personas”.

El menú, que cuesta $1200, consta de siete platillos, además de los cocteles, cerveza y mezcal artesanal.

Apenas este sábado fue la primer cena del año, en una casa abandonada de la Condesa donde no hubo mesas, y se ofreció una propuesta de comida más pequeña, o es lo que revela Sandie.

El local de la Doctores, por cierto, es la cocina central de Hidden Kitchen.

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Periodista y ciclista. Chilanga por adopción. Antes recorrió Veracruz, Sinaloa y Jalisco. @chinampa