Llegaron los hipsters…¡Tómala barbón!

Los cabarets como se conocían están en peligro de extinción. Los clientes de toda la vida cada vez son menos: los años, las redadas y los téibols se los han ido llevando. Con todo, el Barba Azul sigue ahí.

Este lugar fue creado en 1950 por Juan Evia, un español que también tenía hoteles y tintorerías. En sus primeros años el Barbas fue un cabaret más, como otros de la zona que en el siglo XX fue una brillante constelación de tugurios.

Sin embargo, a mediados de los 70 lo remodelaron y pusieron la delirante decoración que hoy continúa en sus paredes y que lo caracteriza: altorrelieves naif de mujeres desnudas o con poca ropa, el temible Barba Azul en diferentes situaciones, un monje que se sacaron de la manga y uno que otro dandi bailarín. Desde entonces es un sitio inconfundible y emblemático de la vida nocturna defeña.

A la muerte de Evia, sus hijos heredaron los negocios, pero fueron cerrando poco a poco. En 1999 malbarataron el Barba Azul. Alejandro Moreno y sus socios lo compraron, con más visión inmobiliaria que de empresarios antreros.

Una vez que lo tuvieron se dieron cuenta de que, en caso de cerrarlo y convertirlo en locales comerciales, dejarían a un montón de gente sin empleo. Decidieron seguir con el cabaret, a pesar de que el giro estaba en decadencia.

Después de años de altibajos y de haber estado a punto de la quiebra un par de veces, dos factores han salvado al Barba Azul. Por un lado, empezaron a rentarlo para filmar comerciales, videoclips y películas. Por otro, se corrió la voz entre los hipsters sobre un lugar loco, auténtico, barato y con excelentes bandas en vivo.

Cada vez son más las mesas de millennials que, aunque no consuman tanto y bailen medio mal, mantienen el negocio en pie. Alejandro planea empezar a incluir, los jueves, a bandas tropisabrosas pero más “modernas”, de esas que también podrían estar en el Vive Latino. El chiste es mantener la esencia del lugar sin descuidar a la nueva clientela.

El Barba Azul está en Gutiérrez Nájera 291 esquina con Bolívar, en la colonia Obrera. Abre de martes a sábado de 20 a 03 h. 

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.