Llevando risas a todos los rincones

La Caravana del Elefante Polar comenzó su camino hace seis años en Zacatecas, cuando el bailarín y clown chilango Emiliano Cárdenas se dio cuenta de las grandes diferencias que existen a la hora de difundir la cultura. “Fuimos a ofrecer una presentación en un escenario pequeño que estaba frente a otro enorme y superproducido dedicado para la música” recuerda. “Al terminar me regresé muy conmovido pensando que tenía que crear mi propio teatro para equilibrar las cosas”.

Cárdenas, integrante de la compañía Triciclo Rojo, decidió hacerlo a lo grande. Tras meses de esfuerzo logró montar el Elefante Polar (el nombre viene de su color y forma, que recuerda a un iglú gigantesco): un escenario móvil que cuenta con su propia planta de luz y se infla con cuatro motores, que hasta ahora ha recorrido más de 80 municipios del país, llevando música, clown, teatro y hasta cursos a niños y jóvenes que, de otra manera, difícilmente tendrán acceso a la cultura.

No ha sido fácil: el puro escenario, incluyendo traslados, audio e iluminación, cuesta unos siete millones de pesos (la mitad costeada por Triciclo Rojo; el resto se paga con patrocinios, apoyos y la renta del espacio). Los espectáculos son gratuitos y han sido disfrutados por más de 100 mil espectadores en sitios como Jalisco, Nayarit y el Estado de México.

El nacimiento de un payaso

Aunque la vida de Emiliano está ligada al arte, lo más llamativo es que encontró su vocación por pura casualidad. Nació en una familia en la que nadie se dedicó a las artes y soñaba con estudiar física cuántica, hasta que un día se encontró un papelito tirado en la calle: “Iba saliendo de la escuela y vi una hoja que decía ‘Otras opciones para estudiar el bachillerato’; la recogí y era del CEDART. Fue de esa especie de milagro que parecen cualquier cosa pero pueden cambiar tu vida”, confiesa.

Cárdenas nunca había hecho teatro y no tocaba ni la puerta, pero algo le llamó a entrar a esa escuela, donde se enamoró del teatro y la danza. Pero faltaba otro giro: para ganarse la vida se dedicaba a ser payaso los fines de semana (vocación que descubrió cuando un amigo le pidió ayuda para conquistar a una chica… disfrazados).

“Muy joven me quedé frente a la prueba de estar solo; fue muy complicado y fuerte, pero me formó y me dio la capacidad de decidir si quería vivir conectado con mi profesión y mis esperanzas”, recuerda. Ahí conoció la técnica del clown, la que define como “un poeta en acción”, capaz de crear cualquier tipo de realidad.

Un sueño sin frenos

El objetivo de la Caravana del Elefante Polar no se detiene en las presentaciones. Emiliano y sus compañeros (Natalia Cárdenas y Elizabeth de Anda) quieren acercar a los niños al poder de las artes escénicas no sólo se sumen como espectadores, sino como artistas y creadores.

Para lograrlo, el grupo imparte cursos en las mismas comunidades donde llevan el Elefante Polar. Es parte del espíritu que Emiliano encontró en la vida de clown: para él es un “poeta en acción”, capaz de crear cualquier tipo de realidad… o mejorar la que ya existe con el paso del Elefante.

(Miréia Anieva)

Compartir
Artículo anteriorLa segunda parte del duelo
Artículo siguienteCarta a Mancera