Foto: Chilango.

Esta no es una hamburguesa

Comida

Todos somos tragones. Todos, en algún momento, comemos más de lo necesario, hasta que el botón explote. Las hamburguesas se prestan fácil para dar rienda suelta a nuestro gen tragón; por ejemplo: mi burger favorita cuando era niño era la “Dinotriple” de Burger Boy. Pero no soy el único: por algo la famosa cadena californiana In-N-Out Burger ofrece la opción de hacer hamburguesas con 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y hasta 10 carnes y 10 rebanadas de queso. Por algo existen salvajadas como la famosa Hamburger pizza de Pizza del Perro Negro y la lasaña de hamburguesa de L’Encanto de Lola.

No son hamburguesas como tal, pero son salvajes y maravillosas, lo mejor de dos mundos. Quizá Lewis Carroll diría que son comidas portmanteau —dos hecha una—. Son el equivalente a la mejor torta de tamal o al mejor turducken (pavo relleno de pato). Ambas no-hamburguesas son materia de delirio, imperdibles.

La pizza es un manjar. Tiene carne molida a la boloñesa, cebolla, jitomate y pepinillos… hasta ahí suena sensata, pero enloquece con las papas fritas, ahí sobre la pizza. La lasaña, como el cometa Halley, solo aparece en ocasiones especiales. Cuando lo hace, legiones de creyentes corren a probarla. Lleva carne, boloñesa, bechamel, parmesano y tocino, y su particularidad es que en lugar de láminas de pasta, hay hamburguesas dobles. ¿A qué sabe? Justo a lo que se imagina: a algo que podría bloquear sus arterias.

Quizá está mal recomendar algo en potencia dañino para la salud, pero ya lo dije: todos somos tragones. Así que, querido lector, si se topa por ahí estas no-burgers, no les haga el feo. Hágase un favor y pruebe.


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