Agua pasa por mi casa

Carcamo de Chapultepec
Fotos: Tamara de Anda

A pesar de que en 2011 lo remodelaron y volvió a abrir con bombo y platillo (¡hasta el presi Felipe Calderón le cayó a la ceremonia!), el Cárcamo de Dolores sigue siendo un secreto a voces, un sitio medio recóndito en la parte de Chapultepec donde los taxistas se pierden. Al mismo tiempo, es uno de esos lugares que, cuando los descubres, te preguntas por qué diablos no habías venido antes y por qué no aparece resaltado en todas las guías de viaje. Mejor así, porque parte de su encanto es que casi siempre está vacío y tienes el conjunto de obras de arte para ti solito.

El Cárcamo de Dolores se empezó a construir en 1942 y se inauguró durante 1951 como remate de la construcción del sistema Lerma-Cutzamala para abastecer de agua a la creciente Ciudad de México. Aquí mero terminaba el acueducto de más de 60 kilómetros, en un edificio que estuvo a cargo del arquitecto Ricardo Rivas. Es de estilo funcionalista y tiene detalles mexicanísimos, como los remates geométricos en forma de Quetzalcóatl.

Lo más impresionante es el cárcamo —que no es más que una palabra sofisticada para “hoyo”—, decorado con un mural de Diego Rivera. Originalmente, esta especie de cisterna estaba llena de agua, pues era un punto por el que pasaba el caudal del sistema de abastecimiento; así que fue pensado acorde a las condiciones de humedad. No solo se pintó con una resina especial, sino que Rivera pensó en que se viera bien aún con las alteraciones ópticas que el líquido provocaría. A la mera hora, tuvieron que secarlo porque no aguantó la constante remojada, pero bueno, se hizo el intento. La obra retrata la teoría de Oparin del origen de la vida, así como el derecho de acceso al agua y sus usos en la sociedad moderna. Como buen mural de Rivera, está lleno de detalles ocultos y mensajes cifrados, así que puedes pasar un buen rato contemplándolo sin aburrirte.

Carcamo de Chapultepec
Foto: Tamara de Anda.

En la parte de afuera hay una fuente con un Tláloc de mosaiquitos. También es obra de Rivera, quien la diseñó para apreciarse mejor desde arriba. Fue muy visionario, hoy los dueños de drones lo agradecen un montón.

Construir un sistema como este no eran enchiladas, así que también se considera un monumento mortuorio para recordar a quienes fallecieron trabajando en la obra. Brinda respetuosamente por ellos la próxima vez que te eches un vaso de agüita de la llave.

El Cárcamo de Dolores está en av. Neri Vela s/n, en la segunda sección del Bosque de Chapultepec. Se puede visitar de martes a domingo de 10 a 17 horas.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.