Ambulancias de los cielos

El gobierno local recurre más a helicópteros para evitar que el tráfico de la capital obstruya la atención de urgencias médicas.

El médico Arcadio Ramírez simula que sostiene un radiotransmisor y recrea el tipo de diálogo que tiene con sus colegas cuando deben atender una urgencia médica.

“—Centro Regulador de Urgencias Médicas, habla la ambulancia del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas [ERUM] número nueve. Tenemos un niño con fractura de cráneo. Le calculamos siete años. Su nombre y signos vitales son estos. Necesitamos traslado aéreo.

“—Permítame… ¡Cóndores! Va a llegar al helipuerto de Milpa Alta una ambulancia del ERUM, la nueve, al mando del doctor fulano de tal. Tiene un niño, que acaban de atropellar hace cinco minutos, con trauma de cráneo. Necesitamos traslado aéreo, ¿sale? Ya tenemos recepción en el hospital de Legaria.

“—Enterado”.

Ramírez, subdirector de Aeromedicina Táctica de la Secretaría de Seguridad Pública local (SSP), explica que el caso descrito implicaría uno de los traslados más largos dentro de la Ciudad de México, del suroriente a la delegación Miguel Hidalgo, en el poniente. Por tierra, este trayecto podría tomar hasta hora y media. Por aire, el tiempo se reduciría a sólo seis minutos.

Cada año, los helicópteros de la SSP realizan un promedio de 350 vuelos para urgencias médicas, menos de uno diario. Sin embargo, hay días ajetreados en los que deben hacer hasta seis, dice Ramírez, quien tiene 32 años en la institución y coordina a 20 paramédicos y 13 aeronaves.

El uso de estos vehículos, reconoce, se ha vuelto cada vez más común para las autoridades debido a las complicaciones de movilidad derivadas del tráfico de la ciudad.

Pacientes en el aire

Las personas consideradas prioridad son los niños, las mujeres y los policías heridos.

“Todos los pacientes en estado crítico ameritan un traslado aéreo. O sea, que la lesión ponga en peligro su vida, como un atropellado con trauma de cráneo, con los pulmones rotos, que se le salen los intestinos, o un balaceado que tiene perforado el tórax, un infartado, una embarazada atropellada, un niño. La ambulancia que llega los valora y dice: ‘Es de la primera’. Eso quiere decir que es grave. De la segunda prioridad, [determina] que se puede trasladar por tierra. De la tercera, que se puede esperar ahí un rato”, detalla el médico de la SSP.

Jorge Ayala, director de la Escuela de Técnicos en Urgencias Médicas de la Cruz Roja, señala que los paramédicos ya tienen un protocolo para saber cuándo solicitar un helicóptero a través de su central de radio.

“Si consideramos que, por vía terrestre, el traslado sería de 20 minutos o más, y de acuerdo con la gravedad y las lesiones del paciente, y si hay las condiciones para aterrizar, lo mandamos vía aérea”, dice.

La rapidez con la que un helicóptero puede llevar a un paciente al hospital reduce la posibilidad de que la lesión genere una discapacidad o incluso lleve al herido a la muerte, comenta Ramírez. Para una persona grave, los primeros 60 minutos son “la hora dorada”, un periodo en el que, si no se le atiende y estabiliza, puede morir.

En ese lapso, también deben tomarse en cuenta las condiciones particulares del atendido. Por ejemplo, si se trata de alguien con problemas de circulación, es mejor no elevarlo —para evitar los cambios de presión— y moverlo vía terrestre.

Los obstáculos del tráfico

“Lo complicado no es la distancia, es el tráfico […] Ahora que le dan la calcomanía cero a quien sea, la ciudad está llena y no pasan las ambulancias. Y no han pasado. Por eso, cuando el herido está leve, se aguanta, pero cuando está delicado, salimos nosotros”, advierte Ramírez.

En tanto, Ayala estima que el tiempo para moverse dentro de la Ciudad de México se ha duplicado.

“El tiempo ideal [por tierra] sería estar en un minuto en el punto del accidente […] Creo que entre ocho y 10 minutos es el tiempo promedio, pero puede ser hasta 20, el doble”, comenta.

Ante ese panorama es que se opta por helicópteros y, una vez que los paramédicos establecen contacto con el Centro Regulador de Urgencias Médicas, acercan por tierra al paciente al punto más cercano donde una aeronave pueda descender.

En la ciudad, existen 150 puntos donde es posible que éstas aterricen. Entre ellos hay cruceros —como el de Eje 3 Sur y Cuauhtémoc—, así como helipuertos de gobierno y privados y estacionamientos amplios, como el de Six Flags.

Desde esos sitios, los helicópteros llevan a los pacientes al lugar indicado.

“Ya no tienes que andar buscando hospital. Ahora, el Centro Regulador de Urgencias Médicas regula Gineco, Neuro, Trauma, todo. Ya no es como antes de que a ver si te lo reciben, no. ‘A ver, Xoco, ¿cuántas camas tienes?’, ‘Tengo 10 vacías’, ‘¿Balbuena?’, ‘10 vacías’. Ya sabes dónde está todo. Y con la telefonía celular, todo es más simple”, dice Ramírez, cabeza de estas ambulancias que surcan los cielos de la capital.

Casos atendidos

Estas son las urgencias que atienden con más frecuencia los helicópteros de la SSP:

  • En el caso de policías, aquellos que sufren heridas de bala. En el caso de menores, traumas de cráneo por caídas o por causa de atropellamiento. También se atienden quemaduras graves.
  • Según la dependencia, los horarios en los que más comúnmente ocurren accidentes graves son los de entrada y salida de escuelas y centros de trabajo.

Traslados cada vez más lentos

Los traslados de urgencias médicas en helicóptero han servido para sortear uno de los principales problemas de la ciudad: el tráfico. El año pasado, un estudio de la organización civil El Poder del Consumidor dio a conocer que, cada cinco años, sube 20% el tiempo de traslado de los vehículos. “En 1990, la velocidad era todavía de 40 kilómetros por hora. Hoy en día, esta velocidad ha bajado a ocho kilómetros por hora o incluso a seis en horas pico”, dijo entonces el especialista Daniel Zamudio, integrante de la agrupación.

Compartir
Artículo anteriorEdición impresa: 11/04/2016
Artículo siguienteLa catástrofe como contemplación
Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.