Antro polémico evade clausura

En la Roma, el Ink Studio reabrió sus puertas pese a que había sido cerrado por violar normas urbanas y ambientales, un hecho que los vecinos critican.

Antes se llamaba Club 88, porque está ubicado en el número 88 de la calle Frontera, en la colonia Roma. Ahora es Ink Studio, pero el dueño es el mismo, la empresa Intereza Bienes Raíces. Se trata de un antro que tiene hartos a los vecinos y que ha logrado evadir sus denuncias para seguir operando, aun con irregularidades.

Cada fin de semana, el panorama es similar: música electrónica a todo volumen sale por las ventanas abiertas, autos de lujo escoltados por guardaespaldas quedan estacionados sobre las banquetas y frente a casas, y usuarios del establecimiento, borrachos, a veces sostienen pleitos y vomitan en la vía pública.

Lo anterior llevó a que, hace más de un año, vecinos inconformes iniciaran una batalla legal contra el antro. Sin embargo, y aunque ya en una ocasión lograron que fuera clausurado —el pasado 18 de octubre—, no han conseguido que sus quejas prosperen y el lugar sea cerrado definitivamente.

Para los colonos, esto se debe a que el establecimiento —reabierto el 20 de noviembre— recibió apoyo de la anterior administración de la delegación Cuauhtémoc, de Alejandro Fernández, del PRD, pues ésta le dio permiso para operar como bar a pesar de que la zona es habitacional.

Consultadas al respecto, las actuales autoridades delegacionales, encabezadas por Ricardo Monreal, de Morena, afirmaron que tienen una investigación abierta. En tanto, Máspormás buscó a los representantes del local, pero no obtuvo respuesta.

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Documentos en fast track

El 23 de enero de 2015, tras una denuncia vecinal, el Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal (Invea) realizó una inspección en el antro. Según un expediente integrado por los vecinos, en esa ocasión los responsables del negocio no mostraron documentos que acreditaran que operaba legalmente.

Pocos días después, la delegación Cuauhtémoc, entonces encabezada por Eduardo Lima, director Jurídico y encargado de despacho tras la licencia solicitada por Alejandro Fernández para competir en las elecciones de junio, les facilitó la documentación requerida por el Invea: un visto bueno de seguridad y operación y un programa interno de protección civil.

Y el 3 de marzo, al día siguiente de que fuera solicitado por Intereza Bienes Raíces, la Cuauhtémoc también otorgó el permiso 472 para que el lugar operara como bar. Con esto se reemplazó la licencia otorgada en 2010 al Club 88, ya vencida, y el local modificó su nombre a Ink Studio.

En el ínter —entre finales de enero y principios de marzo—, la delegación colocó sellos de suspensión de actividades en la puerta del inmueble.

Sin embargo, la noche del 14 de febrero los responsables del negocio quitaron las calcomanías para poder abrir y brindar servicio. Un día después, funcionarios delegacionales volvieron a colocarlas.

Permiso opaco

Resoluciones del Invea y de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), así como información de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), apuntan a que, desde el principio, el permiso otorgado por la delegación fue contrario a la Ley de Establecimientos Mercantiles.

Lo anterior se debe a que la norma establece que, para obtener un permiso para operar un bar, el interesado debe demostrar que el predio tiene un uso de suelo acorde con esa actividad, cuando el del Ink Studio es habitacional.

El 29 de marzo, el Invea multó al antro con 48 mil 965 pesos y lo exhortó a cerrar, como ya lo había hecho en 2014. Sin embargo, los dueños pagaron la multa y en ningún momento dejaron de abrir.

Fue hasta el 18 de octubre pasado que el Invea clausuró el Ink Studio a raíz de una queja que los vecinos promovieron en la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF) por la inacción de las autoridades, pero el lugar reabrió sus puertas el 20 de noviembre. Consultado sobre el hecho, el Invea no dio una explicación; su área de prensa indicó que se está revisando el caso.

Malos antecedentes

La polémica en torno al antro tiene varios años y, según los vecinos, uno de sus aspectos clave ha sido la omisión por parte de la delegación Cuauhtémoc.

En 2010, cuando el lugar se llamaba Club 88, la demarcación tardó siete meses en responder a la PAOT que el negocio operaba en una zona con uso de suelo habitacional, es decir, indebidamente. Y, a pesar de ello, el Invea tampoco clausuró el establecimiento.

Para los colonos, la frecuencia con la que el antro ha logrado evadir sanciones y clausuras es sospechosa. Dicen temer que el establecimiento —que se promueve en revistas sobre vida nocturna en la capital— esté protegido por políticos o empresarios.

La lista de faltas

Los vecinos dicen que el Ink Studio no sólo viola el uso de suelo, sino que cae en otras irregularidades:

  • Los colonos argumentan que otra falta en la que incurre el establecimiento es carecer de un dictamen técnico de riesgo que respalde que pueda recibir a 700 personas durante su operación, cada fin de semana.
  • También señalan que la música que se toca en sus instalaciones rebasa los niveles permitidos para la noche, constituye contaminación ambiental y no les permite descansar.
  • Otra queja recurrente es que el lugar carece de estacionamiento para sus usuarios. Lo anterior conduce a que tanto personal como escoltas de usuarios acomoden vehículos sobre banquetas y frente a casas.

Queja constante ante la PAOT

Las violaciones al uso de suelo son el principal motivo de queja ante la PAOT. En 2015, la institución recibió mil 288 denuncias, es decir, 37.16% del total que llegó a sus oficinas. En lo que va de 2016, ya se presentó una queja por ese tema en la delegación Cuauhtémoc. Para Josefina McGregor, portavoz de la organización civil Suma Urbana, estas violaciones son un problema frecuente y grave porque, potencialmente, apuntan a casos de colusión entre autoridades delegacionales y establecimientos.

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Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.