Burocracia frena artes

La construcción de los Faros de Milpa Alta y Aragón ha tomado cinco años por trabas en trámites y la entrega de recursos.

Una manta anuncia la inauguración del lugar “próximamente”. Sin embargo, las paredes del edificio aún no están pintadas, sus ventanas están sucias y dentro del predio todavía trabajan cuadrillas de albañiles.

Tal es el panorama en la que se prevé sea la segunda sede de la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) de Milpa Alta, un inmueble ubicado en San Jerónimo Miacatlán cuya construcción comenzó en 2011 y desde entonces enfrenta diversas trabas.

La principal, según reconocen las autoridades de la Ciudad de México, es que los trámites legales y administrativos han sido lentos, mismo problema que también afecta a otro proyecto de esta red: el Faro de San Juan de Aragón.

Eduardo Vázquez, secretario de Cultura de la capital, afirma que construir estos espacios no es sencillo, pues en zonas como la delegación Milpa Alta, por ejemplo, resulta complicado encontrar terrenos porque la mayoría pertenece a comunidades rurales. No obstante, el funcionario asegura que el gobierno trabaja para que ambos Faros al fin puedan empezar a operar en 2016.

“En el segundo semestre [se inaugura e inician actividades]”, dice sobre el Faro de Milpa Alta, en el cual se han invertido 34.6 millones de pesos.

En espera de terreno

La red de Faros, según el gobierno capitalino, tiene el objetivo de llevar oferta cultural a zonas marginadas de la ciudad.

A la fecha operan cuatro —el de Indios Verdes, el de Oriente (Iztapalapa), el de Tláhuac y el del pueblo milpaltense de San Antonio Tecómitl—, donde se imparten talleres de pintura, teatro, danza y fotografía, y se realizan conciertos, conferencias y presentaciones de libros.

En 2011, la segunda sede del Faro de Milpa Alta fue anunciada como complemento a la de San Antonio Tecómitl, pero fue apenas hasta 2015 que la comunidad cedió a la Secretaría de Cultura local los terrenos para poder construir.

“Hay normatividades complejas en la ciudad, donde la posesión del medio es comunal, [por eso] la inversión de recursos públicos en un espacio comunitario tiene sus problemas”, dice el secretario.

En un viejo cine

A 49 kilómetros de distancia, la construcción del Faro de Aragón es otro ejemplo de la manera en la que los trámites obstaculizan la infraestructura cultural.

La edificación comenzó en 2012 en el inmueble que antes ocupaba el cine Corregidora. Sin embargo, desde entonces ha enfrentado problemas porque el dinero para la obra no ha fluido con rapidez.

A finales de 2015, la Secretaría de Obras, que trabaja en coordinación con la de Cultura, informó que la rehabilitación de lugar estaría lista en el primer semestre de este año, y el secretario Vázquez sostiene que la inauguración será entre marzo y abril.

“[Tardan] los tiempos de los recursos, las ministraciones, estamos recibiendo recursos federales, recursos de la ciudad, los propios tiempos de obras y la construcción del proyecto pedagógico, pero nosotros estaremos prácticamente en condiciones de inaugurar a finales de este mes y principios del que viene”, dice sobre el proyecto, que ha costado 44.8 millones de pesos.

¿Obras prioritarias?

Más allá de los retrasos, las obras dividen opiniones entre los vecinos: unos las consideran un factor positivo y otros creen que existen otras prioridades en la zona.

“Me preocupa que los jóvenes se encuentren consumiendo drogas y alcohol. Creo que el Faro será un lugar en donde se podrá aprender un oficio, que en un futuro pueda dar como resultado la autosuficiencia económica de los muchachos”, dice Teresa Martínez, de San Jerónimo Miacatlán.

Por el contrario, el tendero Juan Rodríguez critica la construcción.

“Existen más necesidades en la escuela primaria y secundaria. Y siempre empiezan una obra sin terminar otra. Ejemplo es el Faro. El año pasado anunciaron que estaría abierto, pasaron unos nueve meses y pararon la obra. En octubre, a la entrada del nuevo delegado, empezaron nuevamente la construcción”, señala.

De manera similar, habitantes de Aragón, como Beatriz Estrada, creen que el Faro puede ofrecer alternativas para el desarrollo de los jóvenes, mientras otros se quejan de que la obra no termina de concretarse.

“La detuvieron en tres ocasiones. Decían que a principios de año abrirían al público. Actualmente se encuentran trabajando las 24 horas. Al paso que van, le calculamos que abra sus puertas a mediados de año”, dice el vecino Juan Aguilar.

Frente a estos comentarios, el secretario de Cultura insiste en que, ahora sí, ambos Faros comenzarán a operar este año. Y, también, en que llevarán beneficios a las zonas donde se ubican.

Los montos invertidos

Según cifras oficiales, esto es lo gastado en ambos espacios culturales:

  • En el Faro de Milpa Alta se han invertido 34 millones 684 mil 265 pesos. Del total, las mayores cantidades han sido para la obra prevista para 2016 (ocho millones) y equipamiento (siete millones).
  • A esos rubros le siguen el de la inversión en obra en 2012 (seis millones), el de operación programada para este año (cuatro millones) y los trabajos de 2015 (tres millones).
  • En el Faro de Aragón se han gastado hasta la fecha 44 millones 818 mil 516 pesos, la mayor parte de los cuales fue para la obra llevada a cabo durante 2015: 17.5 millones.
  • A este rubro siguen otros como el de obra realizada a lo largo de 2014 (8.5 millones), equipamiento (ocho millones), operación (seis millones) y audio e iluminación (1.5 millones).

¿Otro Faro en la Miguel Hidalgo?

En 2014, la delegación Miguel Hidalgo, entonces encabezada por el perredista Víctor Hugo Romo, planteó crear otro Faro en el edificio que antes ocupaba el cine Cosmos. La idea fue retomada por la actual administración delegacional, de la panista Xóchitl Gálvez, pero todavía están por definirse aspectos clave en coordinación con el gobierno de la ciudad. Algunos de esos puntos son el uso de suelo del inmueble, el presupuesto disponible para adecuarlo y el grado de participación que tendrá cada autoridad.

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Hablante de la lengua ayuuk, asiduo de buscar historias e internarse en la vieja ciudad de hierro y dejar correr el tiempo sin perseguirlo.