Caos financiero en la UACM

La universidad, que este año recibirá mil 209 mdp, no registra todos sus gastos ni sigue sus planes de obras, por lo que el dinero se gasta mal.

Cada año, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) recibe en promedio más de mil millones de pesos de presupuesto, pero ni la propia institución sabe a ciencia cierta en qué y cómo se gasta ese dinero público.

Un reciente informe de la Contraloría de la UACM, dirigido al Consejo Universitario y del cual Máspormás tiene una copia, advierte del caos financiero y detalla en qué consiste.

Este documento, si bien se basa en una revisión al presupuesto de 2015 —que fue de mil 59 millones 568 mil 123 pesos—, también menciona problemas detectados desde hace más de 10 años y que a la fecha no han sido atendidos.

“Durante todos ellos se han venido haciendo observaciones y recomendaciones; sin embargo, la universidad […] no ha podido resolver la problemática, ni ha podido subsanar esa situación irregular”, advierte el texto.

Entre las causas del caos, el informe señala que los funcionarios no conocen los procedimientos de manejo presupuestal, no hay normas claras, existe mala comunicación entre las áreas de elaboración, autorización y aplicación del dinero, y el sistema informático para la administración no funciona.

Todo esto ocasiona que, por ejemplo, las requisiciones se ingresen tarde, las cotizaciones se venzan y las compras requeridas no se lleven a cabo a tiempo, por lo que hay subejercicios y un gasto desordenado, “lo que se refleja en que en los últimos meses [del ejercicio fiscal] las áreas estén pensando a dónde dirigirán los recursos no utilizados”.

Sumado a lo anterior, tampoco se cuenta con informes periódicos ni calendarios que permitan medir el avance en rubros tan elementales como el flujo de dinero para el pago de la nómina.

Obras en desorden

En materia de obras, para el segundo semestre de 2015 se contaba con 300 millones de pesos no ejercidos por falta de comunicación entre la Coordinación de Obras, la Tesorería, la Comisión de Hacienda del Consejo Universitario y la Oficina del Abogado General, que argumentó que no conoce cuál es el procedimiento para firmar contratos multianuales.

Además, la Contraloría encontró que en 2015 no se había pagado a contratistas por labores de 2014, y que había inconsistencias como falta de facturas originales, fianzas y actas de entrega, así como contratos firmados posteriormente a la terminación de distintos trabajos.

Incluso, las irregularidades llegan hasta la bodega de materiales de la Coordinación de Obras —la cual carece de un inventario y de un registro de salida de herramientas— y a que se desconozca cómo fueron aplicados 150 millones de pesos de recursos federales, entregados por la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde 2012.

¿Autonomía sin límites?

El informe de la Contraloría advierte que otro problema en la institución es que incumple la Ley de Transparencia de la ciudad, al no subir a su página web información sobre su situación presupuestal, entre otras obligaciones en la materia.

Este documento ya fue entregado a los miembros del Consejo Universitario. Debía ser presentado y discutido dentro de este órgano desde finales de 2015, pero esto ha sido aplazado indefinidamente.

Para hablar del tema se buscó al contralor de la UACM, José Francisco Alcántara Negrete, quien rechazó dar entrevistas.

La investigadora Alma Maldonado, especializada en educación superior, atribuye el desorden en las finanzas de la UACM al conflicto interno que se vivió en 2013, cuando incluso hubo dos rectores al frente de la universidad: Esther Orozco, quien se negaba a dejar el cargo, y Enrique Dussel, nombrado para impulsar el diálogo y la solución de las tensiones.

Hoy, la rectoría es encabezada por Hugo Aboites, en cuya administración persisten las irregularidades. Una de ellas, señala la Contraloría, es que el abogado general, el tesorero y el propio contralor mantienen el estatus de “encargados de despacho”, cuando ya debían haber sido formalmente ratificados o reemplazados.

Para Maldonado, todo esto obliga a que intervenga un órgano externo, como la Asamblea Legislativa de la ciudad, para que la UACM explique y resuelva el desorden en su interior. “[Tener] autonomía no significa que pueda evadir la rendición de cuentas, porque finalmente son recursos públicos”, dice la especialista.

A pesar de lo anterior, para 2016 la UACM tiene asignado un presupuesto más alto que el de 2015. Este año recibirá mil 209 millones 568 mil 123 pesos, lo que implica 150 millones de pesos más que en el ejercicio previo.

Problemas que persisten

Las fallas detectadas por la Contraloría de la UACM tienen más de 10 años:

  • En 2004, por ejemplo, el órgano advirtió que la institución académica no contaba con medidas para controlar los procedimientos de operación de la Tesorería y de la Subdirección de Recursos Materiales.
  • Otro pendiente que se arrastra desde hace tiempo es la necesidad de actualizar la estructura orgánica de la universidad: cómo se conforma y qué facultades tiene cada área.
  • Desde 2005, la Contraloría ha advertido que hay deficiencias en la integración de los expedientes del personal que labora dentro de la institución.
  • En 2009, se encontró un subejercicio del presupuesto asignado, así como falta de controles que garanticen que se respete la normatividad en materia de adquisiciones.
  • Otros organismos de transparencia y rendición de cuentas han señalado que la UACM incumple con obligaciones mínimas en este campo, como responder en tiempo y forma a las solicitudes de información que le dirigen los ciudadanos.

Un vigilante que carece de dientes

El 11 de abril de 2013, el Consejo Universitario retiró a la Contraloría de la institución la facultad de sancionar faltas a su normatividad interna. La decisión ocurrió luego del conflicto que la UACM tuvo en su rectoría, bajo el argumento de que, durante las tensiones entre las administraciones de Esther Orozco y Enrique Dussel, el órgano se había convertido “en una oficina de juzgado, donde prevalecían los citatorios, las comparecencias y las audiencias, dejando de lado su enfoque preventivo”.

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Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.