CDMX deja ir inventos viales

Desde 2012, 15 inventores han solicitado patentes para sistemas que buscan mejorar la movilidad, pero ninguno se ha puesto en marcha.

Durante casi 10 años, el ingeniero Luis García Contreras ha intentado convencer a las autoridades metropolitanas de utilizar un invento suyo. Se trata de un sistema de candados informáticos para evitar que el personal que trabaja en los verificentros del Valle de México manipule el programa, ingrese datos falsos y permita que un vehículo contaminante pase la verificación.

Luis afirma que su propósito no sólo es combatir la corrupción en estos establecimientos e impedir que obtengan la calcomanía cero quienes no la merezcan, sino con ello contribuir a reducir la contaminación y a prevenir contingencias ambientales como la que se declaró en la capital a mediados de este mes.

Para ello, ha buscado apoyo de instituciones locales y federales —en particular del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)— e inició el trámite para el registro de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Sin embargo, a la fecha el proceso no ha concluido y, asegura, las autoridades no han escuchado sus solicitudes de ayuda.

Al respecto, su impresión es que el sector público no le ha prestado atención porque no quiere modificar la forma en la que operan los verificentros, o bien, porque simplemente desdeña su idea.

“La verificación significa mucho, pero realmente mucho dinero. Tanto para los dueños de los verificentros como para la autoridad. Otra de mis teorías es que, por ser un invento de un particular, sin grandes recursos económicos, no les interesa”, dice Luis.

“Todo lo relacionado a este invento ha quedado sólo como un buen intento de hacer algo bien con el problema de la calidad del aire que todos respiramos”, agrega.

Su historia es similar a la de otros inventores de la Ciudad de México que desarrollan ideas para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la capital del país —combatiendo problemas como el tráfico o la contaminación—, pero no encuentran respaldo oficial para ponerlas en práctica.

Desde 2012, el IMPI ha dado a conocer en sus gacetas que, al menos, 15 capitalinos han recibido o solicitado patentes para diversos inventos en materia de movilidad. Sin embargo, a la fecha ninguno de ellos ha llegado a las calles.

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Inventores sin brújula

Eduardo Cervera, abogado especializado en propiedad intelectual, considera que el gobierno debe actuar con más empeño para que los inventores independientes se enteren de cómo deben presentar sus proyectos para aumentar las posibilidades de que sean comercializados.

“México necesita ser mucho más eficaz con la difusión de lo que es la innovación, la tecnología, y de la necesidad que tenemos para traer a más inventores que se acerquen a querer patentar”, dice.

En la Ciudad de México, en particular, existe falta de coordinación en cuanto a qué dependencia debe atender a una persona con un invento en materia de movilidad, según las respuestas que diferentes instituciones dieron a Máspormás.

La Secretaría de Movilidad (Semovi) señala que dar esa atención corresponde a la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (Seciti), y ésta, a su vez, asegura que es una tarea de la Semovi.

De acuerdo con la Seciti, lo que sus funcionarios pueden hacer para ayudar a un inventor es recibir su solicitud de apoyo económico. Sin embargo, en lo que va de esta administración capitalina, únicamente un proyecto ha recibido este respaldo.

Se trata de un plan del Laboratorio de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuya finalidad fue realizar un estudio sobre el impacto de los topes en el medio ambiente. Según la investigación, estos reductores de velocidad contribuyen a que aumente la emisión de contaminantes, sobre todo de partículas PM10.

Ideas que emigran

En 2012, el IMPI recibió un proyecto que planteaba una alternativa a los topes de asfalto. Era una idea del ingeniero mecánico y eléctrico Óscar Frías Goyenechea, quien proponía crear un tope vial colapsable.

Óscar explica que con él podría agilizarse el tránsito vehicular, pues sólo se colocaría para reducir la velocidad de los autos y prevenir accidentes en horarios determinados, por ejemplo, a la entrada de los niños a la escuela. Después, podría ser retirado y los vehículos circularían con normalidad.

Sin embargo, como ha ocurrido con el proyecto para blindar los verificentros contra trampas y corrupción, esta idea tampoco encontró eco.

“Tristemente nuestros gobernantes sólo quieren ejecutar proyectos que vengan de sus propios gabinetes y que les den beneficio político o económico inmediato. Es una pena”, se lamenta Óscar, quien ahora vive y trabaja en Estados Unidos.

El precio de cuidar las ideas

Registrar un invento para evitar que sea plagiado requiere pasos y pagos:

  • Por un diseño industrial, por ejemplo, el inventor debe pagar al gobierno federal cerca de cuatro mil pesos por concepto de derechos, más unos 15 mil a despachos de abogados que redacten la solicitud de patente.
  • Para registrar un modelo de utilidad, considerado más complejo que un diseño industrial, el pago de derechos asciende a siete mil pesos, y el de los honorarios de los abogados, a unos 30 mil.
  • Por las patentes de invención se pagan hasta nueve mil pesos de derechos y los despachos pueden llegar a cobrar hasta 100 mil por elaborar todos los documentos correspondientes.
  • Las instituciones educativas o de investigación y las microempresas pueden obtener un descuento de hasta 50% en el pago de derechos.
  • Algunos especialistas creen que la inversión que implican estos pagos desincentiva a quienes quieren desarrollar y comercializar un invento.

Ingenio capitalino en movilidad

Entre los proyectos de habitantes de la ciudad registrados ante el IMPI está un sistema automático de identificación de placas que, según sus responsables, tiene una efectividad superior a 97%. Otro consiste en bolardos fabricados con material reciclado, planteados para confinar los carriles del Metrobús. Uno más es un tope emergente que se alza para evitar que los automovilistas conduzcan por encima del límite de velocidad. Finalmente, hay varios diseños de semáforos inteligentes.

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Reportero, ciudadano y cuasi adicto –en recuperación– de las bebidas energizantes. Por ahí dicen que soy el elemento más antiguo del equipo editorial de Máspormás, ¿será?