Chilangos en patineta

El gusto por este deporte se ve en la cifra de quienes lo practican y en que la capital es la segunda ciudad del país con más skateparks.

Cuanto Tortuga se subió por primera vez a una patineta, hace 19 años, tuvo que practicar sus trucos afuera de un estacionamiento y en una fuente con una superficie lisa.

Tortuga, cuyo nombre es Fernán Origel, tenía 12 años, pidió a su familia que le regalara una ‘tabla’ y no se imaginaba que se convertiría en patinador profesional.

En aquel tiempo, en la Ciudad de México habían apenas dos pistas privadas. En la actualidad, el número de este tipo de espacios llega a 20 —públicos en su mayoría—, lo que convierte a la capital en la segunda urbe con más skateparks en todo el país, sólo detrás de Guadalajara, Jalisco.

“Básicamente viví la transición de la patineta aquí en México. Cuando empecé a patinar, en el 97, no había nada en realidad […] Hoy en día, gracias a estos parques, mucha gente empieza a patinar más”, dice Origel.

Tan sólo en lo que va de este año, las autoridades de la capital han abierto dos parques: uno en el Deportivo Reynosa, en la delegación Azcapotzalco, y otro en el Bosque de San Juan de Aragón, inaugurado el martes pasado.

Además de estos, se planea abrir un tercero en la zona del parque Cuitláhuac, en la delegación Iztapalapa, según adelanta María Fernanda Olvera, directora del Instituto de la Juventud local (Injuve).

Combatir un estigma

No todos los patinadores optan por desarrollar sus habilidades en parques. Otros prefieren los entornos callejeros como banquetas y andadores.

Uno de ellos es Luis García, Bananín, quien empezó a patinar cuando era niño y, a sus 21 años, ya es un patinador conocido en los circuitos de la capital.

Casi a diario, sale a la calle y busca spots —puntos para hacer trucos— en lugares poco comunes como el barrio de Tepito o la colonia Doctores. Suele llevar una escoba en caso de que deba barrer el área donde patinará, y dice que los encontronazos con la policía todavía son algo común.

“Es como un estereotipo. La gente a veces dice: ‘Esos güeyes son skates, patinetos, escatos, como sea, de seguro se drogan’. Entonces, como la gente tiene como este tipo de visión del skate, los policías cuando te agarran pues ven que traes tu iPod, tu teléfono y te preguntan ‘qué haces’, y pues les dices ‘trabajo’”, dice García.

A pesar de esas tensiones, asegura, cada vez son más los jóvenes que se interesan por patinar y no sólo por deportes tradicionalmente populares, como el futbol.

“Ya ves a niños patinando, cosa que hace 10 años no veías tanto […] La gente está viendo que es un deporte chido y ya hasta hay papás que traen a sus hijos a patinar”, dice, con la esperanza de que el skateboarding sea reconocido como deporte olímpico, como fue recomendado por los organizadores de los Juegos de Tokio 2020.

Entre la afición y la política pública

El crecimiento de la afición por el skateboarding también ha sido aprovechado por el gobierno capitalino, que lo ha tomado como una vía para acercarse a la juventud. El parque Templo Mayor, en la delegación Álvaro Obregón, es un ejemplo de ello.

Desde hace dos años, el sitio ha cobrado fama como uno de los mejores lugares para patinar en la ciudad.

Se trata de un espacio limpio y ordenado que simula un circuito callejero. La idea de construirlo surgió después de que una marca deportiva ofreció pagar por su edificación —que costó nueve millones de pesos— si el gobierno conseguía el terreno y se encargaba del mantenimiento.

El predio fue donado por la demarcación y se ubica junto a la sede delegacional, donde la empresa California Skateparks fue la encargada de ejecutar la construcción. La compañía estadounidense es famosa en el mundo y se especializa en recuperar espacios públicos.

Desde entonces, según el Injuve, Templo Mayor se ha convertido en un modelo de éxito para las políticas locales en materia de juventud.

“Cuando tú dignificas los espacios, los procuras, los mantienes limpios, iluminados, hay baños cercanos, los propios jóvenes se apropian del espacio, lo hacen suyo y lo cuidan”, sostiene la directora del instituto.

En este mismo sitio, el Injuve envía brigadas de funcionarios para acercarse a la juventud de la zona e informarle sobre los programas que tiene: becas, apoyos para transporte público, clínicas emocionales, talleres y otros servicios.

La estrategia también se ha aplicado en el parque de Azcapotzalco, que costó cinco millones de pesos que fueron pagados por el gobierno de la ciudad.

Al respecto, Olvera afirma que la ubicación de los skateparks se elige pensando en los problemas que pueden empezar a atenderse, como las adicciones. “No podemos abandonar ninguna zona de la ciudad, pero sobre todo hay que priorizar donde hay problemáticas de este tipo”, dice la funcionaria.

Ve nuestro video sobre el tema en: facebook.com/maspormasoficial.

Para empezar

Patinadores profesionales dan estos tips para los principiantes de la ‘tabla’:

  • Fernán Origel, Tortuga, dice que lo fundamental es mantener el balance, para después alcanzar precisión y “maña”. Antes de grabar y presumir trucos, se debe practicar constantemente.
  • Luis García, Bananín, recomienda poner la mente en blanco antes de realizar un truco. “En el momento no te pasa nada por la cabeza […] Si piensas en el truco no te sale”, señala.

Espacios para rodar y hacer trucos

Los dos parques certificados para alojar competencias internacionales se encuentran en las delegaciones Álvaro Obregón, al poniente de la Ciudad de México, y Azcapotzalco, al noroeste de la capital. Además, otras pistas donde se puede patinar de manera gratuita son la del Deportivo Bosque de San Juan de Aragón, en el oriente; la de la delegación Gustavo A. Madero, al norte; las de Parque Lira y San Cosme, en la delegación Miguel Hidalgo, y la de Cabeza de Juárez, dentro de la delegación Iztapalapa.

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Reportero titular que a veces juega de editor derecho, formado en redacciones de un par de diarios nacionales, pero siempre cubriendo la ciudad. En los ratos libres me gusta practicar boxeo, no porque esté de moda, sino porque te pone en forma para los ‘chacaleos’.