Cuando la basura aún sirve

Para ti es cotidiano deshacerte de la basura: abres un producto, lo usas y el empaque o el envase lo tiras al bote de desperdicios. La mayoría de nosotros ignora el destino que tendrá esa basura, pero puede que con ella hayas contribuido a mejorar el ambiente.

En las estaciones de transferencia de basura —sitios donde se juntan los residuos que recogieron los camiones en diferentes puntos de la ciudad—, ubicadas junto a la Central de Abasto o en San Juan de Aragón, una compañía cementera instaló máquinas que aprovechan los desperdicios para usarlos como combustible en sus hornos para fabricar cemento.

A través de un convenio firmado en 2014, y como parte del plan Basura Cero para aprovechar todos los residuos de la ciudad, el Gobierno del DF (GDF) paga a la empresa Cemex para que utilice alrededor de 800 toneladas de residuos inorgánicos cada día: 400 de la estación de Iztapalapa y 400 de San Juan de Aragón; pero no es cualquier tipo de basura.

Al día, en la Ciudad de México se generan 13 mil toneladas de desperdicios: cinco mil toneladas son de residuos orgánicos —restos de comida o productos naturales— y ocho mil toneladas de residuos inorgánicos —vidrio, papel, cartón, latas y plásticos, entre otros—.

Los pepenadores depuran una parte para reciclarlos pero, tras ese filtro —explica Jaime Slomianski, director de Servicios Urbanos de la Secretaría de Obras y Servicios del DF (Sobse)—, queda todavía un montón de basura que, por estar tan revuelta y ‘sucia’, ya no es posible reciclarla.

Antes, esas ocho mil toneladas de basura inorgánica se repartían en los seis rellenos sanitarios del Estado de México —adonde el DF lleva su basura desde 2011, cuando cerró el Bordo Poniente—, pero ahora 800 de esas toneladas, o sea, 10%, son aprovechadas por la cementera para reemplazar una porción del coque de petróleo —un combustible muy contaminante cuando se quema— en la industria cementera.

A ese proceso en el que la basura tiene una capacidad para servir como combustible se le llama termovalorización, dice Jaime Slomianski.

De acuerdo con el funcionario, el convenio con Cemex contribuye a reducir las emisiones de dióxido de carbono, que fomentan el calentamiento global, al quemar menos coque de petróleo y al no depositar los residuos en el relleno sanitario.

Además, a la ciudad le sale 15% más barato pagarle a la cementera 347 pesos, más IVA, por cada tonelada de esa basura que procesa y traslada con sus recursos, que mandarla por cuenta propia a los rellenos sanitarios mexiquenses, ya que se ahorra en su transporte y en el pago que hay que darle al Estado de México porque reciba la basura del DF.

LA BASURA, MEJOR PARA EL AMBIENTE

En la estación de transferencia de Iztapalapa, junto a la Central de Abastos, hay una máquina del tamaño de tres tráileres juntos que, con palas mecánicas, deposita la basura en una banda para triturarla y compactarla en cubos de una tonelada.

El asesor de Sustentabilidad y Medio Ambiente de Cemex, Enrique Hoyos, explica que la basura que ahí se procesa sirve para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que genera el coque de petróleo.

“Es pedacería de cartón, de papel, viruta de madera, textiles y muchos pedazos de hules y plásticos, que para nosotros son muy útiles porque tienen una alta capacidad calórica”, dice Hoyos, quien afirma que este proceso se utiliza en otros países como Alemania, el Reino Unido, Polonia y España.

De acuerdo con una investigación realizada por el Instituto de Ingeniería de la UNAM, la sustitución de 20% del coque de petróleo por desperdicios de alto valor calórico representa un ahorro de 18 kilogramos de dióxido de carbono equivalente, y de 60 kilogramos de una sustancia llamada 1,4 diclorobenceno por cada tonelada fabricada de clínker, la principal materia prima del cemento.

Actualmente, las autoridades de la ciudad buscan que la cantidad de residuos que se reutilizan de esta manera se incremente, para ir avanzando en la reducción de basura en la Ciudad de México, pero Jaime Slomianski dice que por ahora no hay otras cementeras interesadas en convenios como éste.

“Frente a la cantidad de basura que genera la ciudad, (lo que se lleva Cemex) es poco… es un negocio parcial que puede ser bueno y ayuda en todo, pero que no resuelve la problemática central de la Ciudad de México. Tendría que ampliarse forzosamente”, considera el experto en residuos sólidos de la UNAM, Héctor Castillo.

TAMBIÉN SACARÁ CHISPAS

En el último trimestre de 2015, la empresa Sistemas Eléctricos Metropolitanos (SEM) instalará la primera fase de la planta generadora de electricidad con base en el biogás que se producirá con los residuos sólidos orgánicos acumulados en el Bordo Poniente, que cerró en 2011 tras 26 años de operación.

De acuerdo con el secretario de Obras, Édgar Tungüí, la empresa que ganó la licitación para aprovechar el biogás consiguió en julio pasado los permisos necesarios para desarrollar el proyecto.

El biogás es una mezcla de gases generados por la descomposición anaerobia (sin aire) de residuos orgánicos, compuesta por metano, dióxido de carbono y otros gases.

EL CAMINO DE LA BASURA

Paso a paso, cómo se convierten en cemento.

-Un camión recolector recoge la basura de las colonias.

-La basura llega a los centros de transferencia.

-Pepenadores y trabajadores del GDF separan los residuos orgánicos para hacer composta y los inorgánicos para reciclar.

-10% de lo que sobra se le paga a Cemex para que lo aproveche; el resto va a basureros del Edomex.

-Cemex empaca la basura en sus plantas de Iztapalapa y San Juan de Aragón, en cubos de 1.4 toneladas.

-Los cubos van en hornos, que miden 100 metros de largo, para quemarse y producir cemento.

(Rafael Montes)