Cuerpos sin espacio

La fosa común de la Ciudad de México se queda sin lugar. En el escritorio del Semefo hay un proyecto que busca optimizar la recuperación de restos sin identificar.

Foto: Especial.
Foto: Especial.

Al poniente del Distrito Federal está la única zona de la ciudad en donde sepultan a todas las personas que no son reclamadas al morir. Ahí, incluso aún hay restos de víctimas del terremoto de 1985 que todavía esperan ser reconocidos.

Las autoridades no saben exactamente cuántos cadáveres han sido enterrados en la fosa común del Panteón Civil de Dolores, colindante al Bosque de Chapultepec. El dato más exacto es el que proporciona la jefatura de la unidad de panteones de la delegación Miguel Hidalgo: de enero de 2006 a abril de 2015 se sepultaron en el lugar seis mil 541 cuerpos; la mayoría en calidad de desconocidos.

Datos de la misma delegación revelan que en la fosa común se han sepultado personajes que aunque no son anónimos nunca fueron reclamados. Ese es el caso de los restos del ilustrador mexicano José Guadalupe Posada, depositados en el sitio desde su fallecimiento en 1913, restos que en 2013, cien años después de su muerte, buscaban se rescatados por investigadores del Patrimonio Histórico del Distrito Federal.

Los datos de la delegación muestran que de las 300 fosas que se encuentran en este terreno, 184 ya están ocupadas. Cada vez hay menos espacio, sobre todo porque en cada una de ellas sólo es posible enterrar, máximo 100 cuerpos, y cada mes se reciben entre 60 y 80 cadáveres, fetos, miembros y cenizas.

13julio(2)

EN BUSCA DE UN NUEVO ESPACIO

El Instituto de Ciencias Forenses, también conocido como Servicio Médico Forense, recibe los cuerpos que envía el Ministerio Público para tratar de identificarlos utilizando estudios de genética, dactilares, odontológicos, entre otros.

Al año se reciben, un promedio, de cuatro mil 500 cadáveres. De ese total, más o menos 400 o hasta 500 cadáveres se encuentran en calidad de desconocidos”, explica Felipe Edmundo Takajashi,

director general del Instituto de Ciencias Forenses del Distrito Federal.

En el instituto, al año, se realizan cerca de tres mil entrevistas con personas que buscan a una persona desaparecida. Cuando se logra identificar que el cuerpo fue enterrado en la fosa común del Panteón Civil Dolores, es necesario realizar un proceso que no es nada sencillo para recuperar los restos y entregarlos a los familiares.

Y es que en cada fosa común se depositan hasta cien cuerpos.  “Si (el cadáver que se busca) fue de los primeros (en ser enterrados en esa fosa común) pues hay que exhumar todos los que están por arriba del que estamos buscando”, explica Takajashi.

Para buscar un cuerpo en la fosa común, primero debe conocerse en qué lote fue sepultado, después en qué número de fosa se encuentra y por último cuál es el nivel en donde fue enterrado. Cada vez que se entierran cerca de 25 cuerpos en un nivel se pone una capa de tierra encima y se forma otro nivel. Entre más abajo, más hay que sacar.

Para facilitar la exhumación de cuerpos de la fosa común existe un proyecto, impulsado por Takajashi y los directivos de la licenciatura en Ciencia Forense de la UNAM, el cual plantea que los restos se entierren de manera independiente y no todos juntos, es decir, que se haga una fosa por persona.

“Estamos tratando de cristalizar un proyecto en donde exista un área específica para trasladar los cadáveres que quedan en calidad de desconocidos, para tenerlos no en una fosa común múltiple sino en una fosa común individual”, explica el directivo del instituto.

La actual fosa común, según información de la delegación Miguel Hidalgo, tiene una extensión de ocho mil metros cuadrados; y Takajashi estima que al menos se necesitan 30 mil metros cuadrados para el nuevo proyecto.

El Gobierno del Distrito Federal ofreció al Instituto de Ciencias Forenses un terreno en el cual podrían trasladar la fosa común. Se trata de la zona conocida como “El Hoyo”, en Iztapalapa. “No es el mejor lugar”, dice Takajashi, sobre todo porque es una zona irregular, con varios problemas de inseguridad.

En el escritorio del director del Servicio Médico Forense está una carpeta en donde se muestran algunos de los detalles, ideas y propuestas para evitar que este proyecto se quede en el olvido.

Este proyecto, dice Takajashi, ayudaría a que si en 40 años “se presenta alguien que tiene interés en rescatar los restos de su bisabuelo que, por lo menos, tenga la posibilidad de saber que se está entregando el cadáver de su ser querido”.

 

DATOS

60 personas están contratadas por la delegación como sepultureros en el Panteón Civil Dolores.

2 sepultureros están contratados para trabajar exclusivamente en la fosa común del Panteón Civil Dolores.

3 mil pesos mensuales es el sueldo máximo que reciben los sepultureros del panteón.

2 veces por semana llegan cuerpos de personas no reclamadas a la fosa común.

 

ANTES DE LA FOSA

A los cuerpos que llegan al Instituto de Ciencias Forenses, y que no son identificados, se les realizan una serie de estudios para que, en caso de ser reclamados por un familiar, se tenga la certeza de que es el cuerpo de la persona indicada.

Cada cuerpo es analizado con un proceso comparativo facial, se documentan las lesiones dentales, se comparan las huellas dactilares con las de documentos, se realizan variaciones de edad, se registra si tienen tatuajes y se estudia si el cuerpo tuvo lesiones previas, como fracturas en la infancia.

 

FORMANDO PERITOS

El Instituto de Ciencias Forenses cuenta con cuatro aulas donde se dan clases de ciencias forenses. También se atiende a médicos que realizan su especialidad para ser capacitados en el área durante los dos años que dura la especialidad, en donde también se realizan prácticas.

Los estudiantes de medicina también forman grupos de 25 personas, pagan una cuota de recuperación de 2 mil 600 pesos y asisten a una visita guiada con los peritos, la cual incluye la observación de una práctica de necropsia.

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Reportero, ciudadano y cuasi adicto –en recuperación– de las bebidas energizantes. Por ahí dicen que soy el elemento más antiguo del equipo editorial de Máspormás, ¿será?