Drones chilangos

Cada vez es más común mirarlos en el cielo de la ciudad. Las autoridades los usan para vigilar eventos masivos y hay varias iniciativas para crear drones made in DF.

16julio(1)
Fotos: Ignacio Gómez / MxM.

Un pequeño robot volador puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Al menos esa es la idea que llevó a Pedro Matabuena a crear sus propios drones para utilizarlos en labores de rescate o para entregar medicamentos en zonas de difícil acceso.

En la Ciudad de México cada vez es más visible la “comunidad dron”, interesada en utilizar a los Vehículos Aéreos no Tripulados, mejor conocido como drones, como entretenimiento, herramienta de trabajo (para realizar fotografías y filmaciones aéreas, por ejemplo), para labores de vigilancia o para impulsar el desarrollo científico. Incluso, también hay quienes se han puesto como misión no comprar los drones, sino crearlos ellos mismos.

Entre estos últimos se encuentra Pedro Matabuena, ingeniero en sistemas computacionales; David Quiroz, ingeniero en mecatrónica; y Erik Acevedo. Los tres, desde diferentes trincheras, trabajan en la creación de drones “made in DF”.

Creadores: David Quiroz (primero de derecha a izquierda) y el equipo de Helidroid. Fotos: Ignacio Gómez / MxM.
Creadores: David Quiroz (primero de derecha a izquierda) y el equipo de Helidroid. Fotos: Ignacio Gómez / MxM.

HECHOS EN CDMX

Los drones tienen una larga historia y un origen militar. Los primeros se desarrollaron para utilizarse en la Segunda Guerra Mundial. Con el tiempo, y como ha sucedido con gran parte de la tecnología nacida con fines militares, saltaron al campo del uso civil y ya llevan algunos años mostrando su utilidad en la ciencia o la industria del entretemiento.

Por ejemplo, se han utilizado para monitorear el estado de las poblaciones de gorilas, para dar seguimiento a un volcán en erupción o para hacer fotografías y filmaciones aéreas, entre otras cosas. Incluso, la empresa Amazón ya trabaja en utilizar drones para repartir paquetes.

Pedro Matabuena apuesta por crear drones para rescatar a personas en desastres.
En un área del Parque Tarango, en la delegación Álvaro Obregón, este ingeniero en sistemas de computación prueba los drones que ha fabricado y que aún están en fase de prueba; esconde maniquíes para que los vehículos aéreos no tripulados se encarguen de encontrarlos. También trabaja en el desarrollo de rutas para que los drones puedan transportar comida o medicinas en la zona rural.

Es común que Pedro invita a estudiantes de universidades a las pruebas de sus drones, para contagiarles su interés por este desarrollo tecnológico.

David Quiroz, ingeniero en mecadrónica de 27 años, fabricó su primer dron en una impresora 3D y desarrolló el sistema operativo para controlar los vuelos. “Empecé por mi cuenta a desarrollar estas naves, pero no tenían el alcance que yo quería”, asegura.

El alcance al que aspiraba David,  27 años, lo obtuvo después de que fuera seleccionado para trabajar en la agencia espacial estadounidense NASA en 2010, ahí creó una tecnología de armado de drones terrestres.

En 2013, David conoció a José Luis González, con quien fundó la empresa Helidroid, dedicada a la venta de drones y que la próxima semana presentará —en el Campus Party que se realizará en Jalisco—el prototipo del primer dron creado por la compañía.

“(Con este modelo) puedes planear trayectoria y tienes hasta ocho modos de vuelo”, explica David.

En la calle de Guanajuato, en la colonia Roma, Erik Acevedo, ingeniero en electrónica y comunicaciones, también trabaja en crear su propio dron. Él calcula que estará listo en tres meses. Sus cualidades, asegura, serán el precio y que el usuario podrá adaptarlo y mejorarlo de acuerdo con sus necesidades.

Estos desarrolladores —que se unen a otros que ya llevan años trabajando en la creación de drones en ciudades como Tijuana, Baja California, y Guadalajara, Jalisco—,  están colaborando en disminir los costos de una tecnología que cada vez seduce a más personas.

En la Ciudad de México, por ejemplo, hay dos áreas en donde se reúne la “comunidad dron”: la Ciénega Grande de Xochimilco, ubicada en las inmediaciones de Cuemanco, y el Aeroclub Ajusco RC.

Fotos: Ignacio Gómez / MxM.
Fotos: Ignacio Gómez / MxM.

LOS DEL GDF

Las autoridades del Gobierno del Distrito Federal también se contagiaron con la fiebre dron. Desde 2013, tienen dos drones que utilizan para vigilar marchas, conciertos, partidos de futbol y la Semana Mayor en Iztapalapa. Cada uno costó 250 mil dólares.

Los drones del GDF son de tipo militar: pueden subir hasta 100 metros y tienen un alcance de hasta 1 km, cuentan con autonomía de baterías (cuenta con cinco), están equipados con cámaras infrarrojo, HD, angulares y de reconocimiento térmico, de acuerdo con Gerardo González, director General del Centro de Emergencias de Protección Ciudadana, mejor conocido como el C4.

El director del C4 considera que la inversión de estos vehículos es menor comparada con los beneficios de tener dicha tecnología a favor de la seguridad de los casi 8 millones de capitalinos.

“Estamos convencidos que son una excelente herramienta para complementar la operación que tenemos con las cámaras (de vigilancia)”, comenta González.

Tanto las autoridades como los aficionados o profesionales que usan esta tecnología como herramienta de trabajo vuelan los drones sin sin que exista un marco legal en el país que regule su funcionamiento.

Ese es uno de los retos que tiene por delante la fiebre del dron: hacer una ley que regule a estos vehículos aéreos no tripulados.

 

DATOS

700 personas están inscritas en el Grupo de Usuarios de Drones de la Ciudad de México.

3 tipos de drones hay, de acuerdo con la clasificación de la SCT, los de hasta dos kilos, los de dos a 25 kilos y los de más de 25 kilos.

ADIÓS AL GPS

José Carranza, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INOE), tiene como objetivo crear un dispositivo que permita a un dron no depender del GPS para ubicarse en el espacio. Hoy, si se pierde la señal de GPS, el dron ya no puede seguir su ruta de manera autónoma y necesita del piloto para moverse.

Carranza, quien fue becado por la Real Sociedad de Inglaterra a través del Fondo Newton para desarrollar esta innovación en los drones, espera poder lograr su objetivo en los próximos meses.

Para lograrlo, el doctor utiliza las cámaras del dron para que el aparato pueda ubicarse utilizando un sistema de inteligencia artificial; el vehículo aprende la ruta cuando un piloto se la enseña utilizando un control remoto  y usa las imágenes que capta para desplazarse reconociendo el terreno.

“Se pueden diseñar algoritmos de control para que vuele de manera autónoma”, explica José y comenta que con este sistema los drones podrían volar en caso de presentarse factores como el viento.

 

VOLAR CON REGLAS

La Dirección General de Aeronáutica Civil de la SCT es la encargada de regular la operación de los drones, sobre todo para evitar que no causen accidentes. Estas son algunas de las reglas que se deben seguir:

Sólo pueden ser operadas durante el día.

Deben volar, al menos, a 9.2 kilómetros de los aeropuertos controlados, a 3.7 kilómetros de los aeródromos no controlados, y a 900 metros de los helipuertos.

No deben dejar caer objetos que puedan causar daños a personas o bienes.

Sólo los drones que posen menos de 2 kilos pueden ser operados sin necesidad de requerir autorización de la DGAC.

Si los drones se usan para actividades comerciales deben contar con un seguro de daños a terceros.

Si los drones pesan más de dos kilos y se usan para fines recreativos, sólo pueden ser usados dentro de clubes de aeromodelismo.

Los drones de más de 25 kilos sólo pueden volar en los términos y condiciones autorizados por la DGCA, además de que su operador debe contar con licencia.