El ABC para cuidar perros… que son ajenos

Dicen que no les afectan los ladridos, ni recoger heces o hacer malabares para caminar con varios canes al mismo tiempo: son los cuidaperros.

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La moda de los ‘perrijos’ ha impulsado un nuevo oficio, caro, pero ¿qué no hacemos por los (nuevos) reyes del hogar? El precio es poco si a cambio el cachorro consentido estará cómodo, por lo que cada vez es más frecuente ver a un hombre con cinco, 10 o hasta 15 correas con su respectivo perro.

“Es un trabajo que disfrutamos, quiero mucho a mis perros, ellos salen gustosos cuando llego porque saben que los quiero, por eso no se nos hace pesado trabajar de lunes a domingo”, dice Miguel Ángel Mirabete, un paseador y entrenador, quien gana alrededor de 500 pesos diarios; su tarifa es de 150 pesos por el paseo de dos horas y 200 por el paseo largo, que incluye sesión de entrenamiento y dos horas de descanso en su casa, en la Condesa.

“Los paseaperros me parecen una excelente idea, sobre todo para las personas que pasan mucho tiempo fuera de casa y dejan a sus perros solos”, dice Andrea López Fuertes, bióloga especializada en etología canina -la ciencia que estudia el comportamiento de los perros- por la Asociación Para el Estudio del Perro y su Entorno, de Granada, España.

Miguel Ángel, de 45 años, cuenta que se hartó de trabajar para alguien más, y ahora pasea perros, máximo cuatro a la vez, pues señala que así les puede dedicar más atención.

Pedro Trejo está en la misma situación: “Me di cuenta de que el trabajo de ocho horas y de oficina no me satisfacía y empecé a dedicarme al trabajo con perros”. Trabajaba en el área de ventas de una compañía telefónica, y ahora se presenta como un experto en conducta animal, quien todos los días se levanta a las cinco de la mañana.

Pero no todos tienen que levantarse temprano. Antonio Hubert, de 35 años, dice que “a la semana sólo trabajo como tres días y eso es lo que me encanta”, atiende a 12 perros cada semana, y ofrece el servicio de entrenamiento básico en 10 semanas por 3 mil 500 pesos.

Sobre el entrenamiento de animales, la Ley de Protección a los Animales del DF contempla -en el artículo 24 sección III- que debe ser sancionada “cualquier (…) modificación negativa de sus instintos naturales (de los animales), que no se efectúe bajo causa justificada y cuidado de un especialista o persona debidamente autorizada y que cuente con conocimientos técnicos en la materia”, pero no se especifica la penalización.

La misma ley obliga a los dueños de los animales a ponerles correa cuando transiten con ellos en la vía pública -artículo 30-, quien no lo cumpla, “podrá ser sancionado administrativamente”, sin especificar la sanción.

Y si un animal le hace daño a alguien, la ley marca que el dueño deberá pagar los daños si no demuestra que lo “guardaba y cuidaba”,  según el artículo 1929 del Código Civil del DF.

Ninguna de las personas entrevistadas mostraron o indicaron tener autorización, credencial o certificado avalado por las autoridades.

Antonio dice que le gusta este trabajo no sólo porque le encantan los perros, sino también porque puede conocer mucha gente. “Con un cliente tengo como 10 años, yo eduqué a su labrador desde que tenía cinco meses, ocho años después, murió de una enfermedad y se compraron otro y otra vez yo lo empecé a entrenar”.

Aunque Antonio reconoce que la flexibilidad de su trabajo también puede ser una desventaja y los tiempos de lluvia son ‘de vacas flacas’, “no tengo nada de seguro social ni prestaciones y en tiempo de lluvias baja mucho el trabajo porque la gente no quiere sacar a sus perros… si llueve no saco al perro, y si no lo saco, no me pagan, y si no me pagan, no como… entonces, pues a guardar dinero cuando hay más trabajo”.

Gustavo Méndez entrena perros en el parque Lincoln de Polanco; en el parque México; en el parque Pilares, de la del Valle, y coincide en que “lo más difícil de este trabajo es el clima; baja la cantidad de trabajo cuando llueve”.

Dice que desarrolló el método de ‘transporte escolar’ para canes: desde las seis y media de la mañana pasa en su ‘combi’ a recoger a los perros -unos siete diarios-, y después los lleva a un parque cercano para pasearlos y entrenarlos y, al terminar, alrededor de la una de la tarde, los regresa a sus casas.

“El problema”, dice Andrea López, “es la gran demanda de ‘paseaperros’, lo que ha llevado a que cualquier persona sin gusto, entrenamiento y conocimiento se dedique a esto”. Y explica que, cuando los ‘cuidaperros’ no están preparados para entrenar a los canes, “usan el castigo, jaloneo y collares de castigo para provocarle miedo al perro, y esto puede provocar en algunos agresividad hacia personas y perros”.

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‘BUSSINESS MEN’

Todos los entrevistados dijeron haber tomado cursos de sicología canina – la ciencia que estudia el comportamiento de los perros- para preparar a los perros tanto para trabajo con niños con autismo, como Pedro, para ser guardianes, como Antonio, o para que se comporten bien ‘en sociedad’, como Gustavo.

Con el ‘boom’ de César Millán- el famoso ‘Líder de la manada’, un entrenador de perros con reality show-, el negocio de los paseadores de perros aumentó, aunque esto no fue completamente positivo, coinciden los cuidadores.

“Sí nos fue mejor, pero también subió mucho la competencia y mucha de ella es desleal porque es gente que no cuida a los canes, los maltratan, los arrastran y llevan hasta 10 o 15 ensuciando, son ellos los que dejan los excrementos en las calles y la gente nos culpa a nosotros”, dice Miguel Ángel Mirabete.

Pedro Trejo dice que empezó solo, cuidando y entrenando perros hace ocho años, y ahora tiene una pequeña empresa con dos empleados, con los que atiende cerca de 30 perros diarios, “como mi anterior trabajo fue en el área de ventas, apliqué mis conocimientos en lo que hago hoy”, explica.

Si no tienen todavía su empresa, ese es su plan. Gustavo Méndez planea a mediano plazo poner un servicio de pensión de perros, mientras que Antonio Hubert quiere iniciar una escuela de adiestramiento canino.

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