‘Ola coreana’ en el DF

En la Ciudad de México viven unos 10 mil migrantes coreanos, cuya cultura ha despertado un creciente interés entre jóvenes capitalinos.

Los letreros del lugar están escritos en hangul, el alfabeto coreano. Los productos disponibles no se hallan en otras tiendas de la capital mexicana. Y quienes atienden, si bien son corteses, suelen interactuar poco con los clientes —salvo que sean de su misma nacionalidad— porque les cuesta trabajo hablar español.

Así es uno de los alrededor de 100 comercios coreanos que existen en la ciudad. De ellos, 58 se encuentran en la Zona Rosa, según la Sección Coreana, una especie de Sección Amarilla escrita en coreano y distribuida en México por el Hanin Sinmun, uno de los tres periódicos del país asiático que hay en el DF.

Chi Young Chang, director del Centro Cultural Coreano en México, explica que los dueños o encargados de estos establecimientos —en su mayoría personas de entre 40 y 50 años— no hablan mucho español porque “no tuvieron la oportunidad de aprenderlo bien y su contacto es primordialmente con clientes coreanos”.

En esta lista de locales se cuentan karaokes, restaurantes, clínicas médicas y dentales, agencias de viaje, escuelas, tiendas de abarrotes y aparatos, estéticas y cafeterías, todos distribuidos en las calles de Hamburgo, Londres y Florencia, a sólo unos metros del Ángel de la Independencia.

Dentro de ellos es posible encontrar productos típicos para los coreanos, como frituras con sabor a camarón, dulces de melón o arroz, bebidas de aloe vera, pasta de frijol y soju, un licor tradicional.

Todo esto y otros elementos de la cultura coreana, como el idioma, la música y las telenovelas, en los últimos años han captado la atención de los jóvenes mexicanos, quienes llegan a esta parte de la colonia Juárez o a la colonia Roma —donde muchos coreanos también tienen sus negocios y casas— con la finalidad de aprender más de esa nación y de su gente.

Llegar para quedarse

Suk Won Gahng, presidente de la Asociación Corea en México (ACM), dedicada a promover la cultura coreana y ayudar a los ciudadanos de ese país que viven en territorio mexicano, estima que en la capital residen unos 10 mil coreanos y que en toda la República suman alrededor de 50 mil.

Desde su perspectiva, la mayoría de los migrantes que llegan a México desde Corea del Sur lo hace para hacer negocios, en empresas establecidas o incluso abriendo otras, y decide quedarse para siempre.

En su caso, él llegó hace 25 años, primero a Guadalajara y luego a la Ciudad de México, donde se asentó y actualmente tiene un negocio de alumbrado público con oficinas en Paseo de la Reforma.

“Yo mismo soy un mexicano-chilango”, dice Suk Won Gahng, quien ya se naturalizó como mexicano.

La migración de coreanos a México tiene más de un siglo de historia. El primer registro de este proceso data de 1905, cuando trabajadores del país asiático llegaron a laborar a las haciendas de henequén de Yucatán.

Un viento asiático

A finales de los 90, en Corea del Sur comenzó la llamada ola coreana o hallyu, una tendencia que difundió la música popular coreana, también conocida como k-pop, y las telenovelas producidas en esa nación.

La divulgación de estas expresiones culturales arrancó en China y en Japón, y después se extendió al sureste asiático en países como Vietnam, Tailandia, Filipinas y Malasia. Para 2009, la oleada llegó a Europa y luego dio el salto hacia América y, con ello, a territorio mexicano, donde ha conseguido un público fiel.

“Aquí en México empezó a tener popularidad en 2013 y es muy visible. Para ese año comenzaron a venir varios grupos de k-pop y hasta la fecha se cuentan unos 15, entre ellos dos de los más famosos”, explica Chi Young Chang.

En diciembre de 2013, la agrupación Super Junior se presentó ante 12 mil jóvenes en la Arena Ciudad de México. Dos años después, en 2015, el grupo Big Bang —uno de los pioneros del género— se presentó en el mismo escenario ante 20 mil espectadores.

De acuerdo con el funcionario, este movimiento popular también se refleja en otras áreas, como en el interés de los mexicanos por aprender coreano. Al respecto, detalla que para el primer curso del idioma que el centro dará este año —en total suele impartir tres— se inscribieron 540 jóvenes, casi el doble que en el periodo previo.

Sin embargo, aclara, el deseo de conocer más del otro no corre sólo en una vía, pues asegura que los hijos de los migrantes coreanos inscritos en escuelas mexicanas tienen una sed parecida por saber más de las expresiones y costumbres locales.

Lo anterior, sostiene, ayudará a que poco a poco las barreras del idioma que antes dificultaron la comunicación entre mexicanos y coreanos vayan quedándose atrás. “Seguramente sus hijos [de estos migrantes] están aprendiendo el idioma español y esta nueva generación lo habla mucho mejor”, confía.

Desde Asia

Estos son algunos datos sobre la comunidad coreana en México y su historia:

  • Los primeros migrantes llegaron en 1905 a trabajar en haciendas de henequén en Yucatán, en la zona del Golfo.
  • Corea del Sur es el sexto socio comercial más importante de México y éste, a su vez, el primero de esa nación en América Latina.
  • Los coreanos que se establecen en el DF son, principalmente, comerciantes o empleados de transnacionales.

La Zona Rosa, bastión coreano

Un alto número de los coreanos que viven en la capital reside en la Zona Rosa, un hecho del que las autoridades del país asiático no tienen una explicación. Chi Young Chang, del Centro Cultural Coreano, lo atribuye a que en la década de los 80 —después del sismo de 1985— era relativamente barato mudarse ahí por los daños que sufrió esa parte de la ciudad. En ese lugar se han abierto negocios, como restaurantes, cafés y tiendas, originalmente destinados a la comunidad coreana pero que han llamado la atención de los capitalinos.

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Artículo anteriorEdición impresa: 22/01/2016
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Reportero titular que a veces juega de editor derecho, formado en redacciones de un par de diarios nacionales, pero siempre cubriendo la ciudad. En los ratos libres me gusta practicar boxeo, no porque esté de moda, sino porque te pone en forma para los ‘chacaleos’.