Quiero morir… en una pieza

Personas que piden no prolongar su vida en caso de enfermedad —un sector al alza— rechazan convertirse en donantes de órganos.

A Rosa le detectaron cáncer de mama hace pocas semanas. La mujer de 68 años dice que no quiere sufrir innecesariamente, por lo que ya realizó los trámites para que, si los médicos no pueden curarla, detengan cualquier tratamiento que alargue su vida. Y también, para que respeten otro de sus deseos: dejar su cuerpo con sus órganos intactos.

Esta última decisión está expresada en el documento de voluntad anticipada que Rosa tramitó ante un notario público poco tiempo después de que le diagnosticaran su enfermedad.

Al respecto, asegura que no es contraria a la donación de órganos, pero duda del uso que podrían darle a los suyos las autoridades de salud. “No confío en lo que harán con ellos”, argumenta.

Casos como éste son frecuentes en la Ciudad de México. Según la Secretaría de Salud local (Sedesa), casi la mitad de las personas que han firmado el documento de voluntad anticipada rechaza convertirse en donante.

Las cifras de la dependencia capitalina, además, detallan que de 2013 a 2014 se duplicó el número de ciudadanos que recurren a la voluntad anticipada: en 2013 se hicieron 840 trámites de este tipo ante notario público y en 2014 la cantidad se elevó a mil 640.

Ortotanasia y eutanasia

El Distrito Federal fue la primera entidad del país en tener una Ley de Voluntad Anticipada. Con esta legislación —publicada en enero de 2008—, se abrió la puerta a que una persona con una enfermedad en etapa terminal elija que no se prolongue su vida con tratamientos.

Tras la promulgación de la norma, otros estados que han aprobado leyes similares son Aguascalientes, Coahuila, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, San Luis Potosí y Tamaulipas.

Los partidarios de esta medida creen que con esto se favorece la dignidad del enfermo porque se evita que su sufrimiento se alargue. La práctica también es conocida como ortotanasia y difiere de la eutanasia en que la segunda consiste en provocar la muerte de manera intencional a quien padece una enfermedad incurable.

La ley capitalina establece que el documento de voluntad anticipada debe firmarse ante notario público. En él, la persona también puede indicar si quiere o no donar sus órganos en caso de fallecer.

Entre desconfianza y desinformación

Carlos Castro, presidente ejecutivo de la Asociación ALE —promotora de la donación de órganos—, estima que es bajo el número de personas que optan por convertirse en donantes debido a la desconfianza en las instituciones de salud.

“Necesitamos empezar a generar registros y evaluar con evidencia cómo se están comportando los trasplantes. Estos son actos que van a ayudar mucho a generar confianza entre la población”, sostiene.

La capital es una de las entidades donde más se requieren donantes. Según el Centro Nacional de Trasplantes, de la Secretaría de Salud federal, casi una de cada cuatro personas que necesitan un órgano está aquí. Y para atender este problema no sólo hay que generar mayor confianza en las autoridades, dicen especialistas.

Luis Eduardo Paredes Sánchez, notario 180 del DF, señala que hay poca cultura de la donación de órganos y que hay desinformación y confusión, porque muchos ciudadanos —por motivos religiosos o morales— confunden la ortotanasia con la eutanasia y rechazan la voluntad anticipada.

Para corregir esto, el también integrante de la Comisión de Comunicación del Colegio de Notarios del DF dice que, en noviembre, habrá una campaña para informar de los beneficios de la voluntad anticipada y erradicar los mitos en torno a ella.

La larga espera

Para Carlos Castro, sin embargo, atender a quienes necesitan un órgano requiere medidas más amplias. Pone como ejemplo a Argentina o Uruguay, donde todos los ciudadanos por nacimiento son declarados donantes y después pueden decir si no desean serlo. En México pasa al revés: un ciudadano no es considerado donante sino hasta que expresa que desea convertirse en uno.

Según Castro, con un cambio de esta naturaleza sería posible ayudar a personas como Rogelio Ramírez, quien hace tres meses consiguió un donante de riñón en el Instituto Nacional de Cardiología, a diferencia de otros pacientes que incluso deben esperar años sin tener la certeza de que el órgano que necesitan llegará.

“Estoy muy contento con los familiares de quien tomó la decisión de aceptar donar los órganos”, comenta Rogelio, quien escribió una carta para agradecer a los padres, hermanos o hijos del difunto que ahora le ayudará a vivir.

Los trámites en hospitales del DF

Al menos dos de cada cinco formatos de voluntad anticipada, tramitados en hospitales de la Sedesa por pacientes en etapa terminal o familiares, han sido firmados en el Hospital General La Villa, que está en la colonia Granjas de San Antonio, delegación Gustavo A. Madero. Según la Sedesa, después de este hospital los centros de salud operados por la dependencia que más formatos tramitan son el Hospital General Iztapalapa y el de Milpa Alta. En estos tres hospitales se firma 84% de todos los formatos.

El trámite

Esto es lo que se requiere para tramitar el documento de voluntad anticipada en la capital mexicana:

  • Pagar una tarifa total de mil 200 pesos para el público en general y de 400 pesos para los adultos mayores.
  • Las personas que no son originarias del DF pueden tramitarlo aquí, pero se recomienda que sólo lo hagan si esta es su entidad de residencia.
  • La firma del documento puede concretarse en 30 minutos. El notario tiene la obligación de explicar a la persona interesada cómo funciona y los alcances legales que tiene.
  • El Colegio de Notarios recomienda hacer este trámite antes de que se presente una enfermedad, ya que puede ser difícil para el interesado escuchar lo que probablemente le pase en el futuro.
  • Es recomendable llevar al notario a la persona que quedará como responsable de hacer valer la voluntad del interesado, para que firme el documento y acepte este nombramiento.
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Reportero, ciudadano y cuasi adicto –en recuperación– de las bebidas energizantes. Por ahí dicen que soy el elemento más antiguo del equipo editorial de Máspormás, ¿será?