Zócalo, la remodelación archivada

En 2014 se anunció que se haría un plan para darle un nuevo rostro, pero hasta ahora no se ha realizado un proyecto, el que existe está guardado desde 1999.

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Una fila de personas se protege del sol bajo la sombra que proyecta el asta bandera del Zócalo y que, conforme avanza el día, se mueve como si fuera un reloj solar. Durante décadas, esta ha sido la única sombra que es posible encontrar en la Plaza de la Constitución. ¿Y si al zócalo capitalino se le regresaran los árboles que alguna vez tuvo?

Varios son los intentos que han existido para remodelar el zócalo capitalino y cambiar la tonalidad gris que predomina en su paisaje para dotarla de tonos verdes o, incluso, del morado de las jaracandas.

El último de esos intentos se dio en enero del 2014, cuando el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, anunció que el zócalo capitalino se sometería a un proceso de remodelación, el cual, aseguró, comenzaría ese mismo año.

“Me parece fundamental que la plancha tenga una nueva cara, una nueva imagen que pueda disfrutar toda la gente… Lo que imagino en el Zócalo es que este gran espacio también sea moderno y digno, pues hoy ya tiene algunos puntos en su superficie que no están uniformes”, señaló Mancera, quien no descartó la posibilidad de incluir áreas verdes en el lugar.

Incluso, dijo que ya había solicitado a la Autoridad del Espacio Público la realización de un proyecto para esta intervención.

A casi un año y medio de la promesa, el gobierno de la Ciudad de México todavía no cuenta con un proyecto y ni siquiera se han hecho los estudios para formalizarlo, de acuerdo con la respuesta a una solicitud de información realizada por máspormás.

“No se cuenta con ninguna definición de proyecto, asignación de recursos o plan de trabajo para llevar a cabo dicha intervención”, explica en su respuesta el director ejecutivo de proyectos de la Autoridad del Espacio Público (AEP), René Caro Gómez.

En la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) tampoco se tiene información sobre lo que anunció Mancera: “de la búsqueda realizada en el archivo de estas unidades administrativas, no se localizó información respecto de algún proyecto de remodelación a la plancha del Zócalo”.

Y aunque no existe proyecto, la rehabilitación de la Plaza de la Constitución se menciona como uno de los varios proyectos a realizar como parte del Plan Integral de Manejo del Centro Histórico de la Ciudad de México (2011-2016).

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PROYECTO EMPOLVADO

Desde 1999 ya existe un proyecto que, incluso, ganó un concurso convocado por el propio Gobierno del Distrito Federal y para el cual se contó con un jurado internacional.

Cuando era jefe de gobierno del DF, Cuauhtémoc Cárdenas —actual coordinador general de Asuntos Internacionales de la Jefatura de Gobierno del DF— convocó a un concurso para desarrollar el proyecto que cambiaría la cara al zócalo capitalino.

En ese entonces se presentaron cerca de 200 proyectos; el ganador fue el propuesto por un equipo encabezado por los arquitectos Ernesto Betancourt, Cecilia Cortés y Juan Carlos Tello.

Este proyecto planteaba, entre otras cosas, “cancelar la circulación vial frente a Catedral y Palacio Nacional, así como la circulación hacia el oriente desde 20 de Noviembre y el primer trano de Pino Suárez”, además de crear una “avenida de jacarandas” a un costado de la plaza.

El proyecto ejecutivo no excedía los cien millones de pesos en todas las etapas, de acuerdo con el artículo “El rojo y el negro. Algunas consideraciones sobre el proyecto del Zócalo”, escrito por el arquitecto Betancourt y publicado en el 2000, cuando ya estaba todo listo para comenzar las obras.

Por este proyecto, que suscitó muchas críticas y que terminó guardado en un cajón, se pagó alrededor de 4 millones de pesos.

Ernesto Betancourt dice que el proyecto no se realizó en su momento “por cuestiones políticas”, pero aseguró que el mismo plan podría utilizarse si es actualizado.

Incluso, el arquitecto participó en reuniones con el gobierno capitalino para retomar el proyecto de remodelación de 1999, pero estas reuniones se suspendieron y aún no hay una fecha para reactivarlas.

En el artículo que Betancourt publicó en el 2000 señala que el zócalo está fragmentado por la vialidad y la diferencia de pisos y pavimentos, que la plaza no posee lugares de estar públicos y sombreados adecuados para los visitantes. Además, los servicios y equipamientos como alumbrado, mobiliario pisos o señalización son inadecuados, inexistentes o de muy pobre diseño.

El arquitecto Bernardo Gómez Pimienta comenta que una remodelación del Zócalo sería “un área de oportunidades”, para

brindar mayor espacio al peatón, regresar la vegetación al lugar y controlar los problemas de hundimientos que se registran en la zona.

Cualquier proyecto, señala, necesitaría de varios estudios, “mucha reflexión y trabajo político para poder llegar a un planteamiento integral”.

 

LÍNEA DEL TIEMPO

1524. Se inaugura el espacio que hoy se conoce como Plaza de la Constitución, después de dos años de construcción.

1813. Obtiene el nombre actual. Anteriormente era conocido con varios nombres, como: Plaza de Armas, Plaza Principal, Plaza Mayor y Plaza del Palacio.

1843. Se populariza el nombre de “Zócalo”, después de que el presidente Antonio López de Santa Anna ordenó construir un monumento que no se instaló.

1914. Se renueva la plaza con áreas verdes, se instala un jardín y plantan palmeras en cada esquina de la plaza.

1956. La plaza adquiere el aspecto actual, en donde prevalece el asta bandera, sin jardines ni palmeras.

 

MÁS CALLES PARA LOS PEATONES

En el Centro Histórico siguen en marcha los planes para cerrar más calles a los autos y abrirlas a los peatones. El titular del Fideicomiso del Centro Histórico, Inti Muñoz, asegura que se estudia un perímetro de 40 manzanas para determinar cuáles vialidades serán las próximas a cerrarse a la circulación de los autos, para convertirlas sólo en lugares para los peatones, como Madero y Regina.

 

PROYECTOS IMPOSIBLES

En 2008, la empresa BNKR Arquitectura presentó un proyecto para construir un rascacielos invertido, es decir, por debajo de la tierra, con el objetivo de albergar diversas actividades, como manifestaciones, exhibiciones culturales, desfiles militares, entre otros, por cada uno de los pisos.

El proyecto, que planteaba desarrollar 65 pisos a la inversa, tiene un costo estimado de construcción de 10 mil millones de dólares, de acuerdo con el cofundador del despacho encargado del proyecto Esteban Suárez.

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Reportero, ciudadano y cuasi adicto –en recuperación– de las bebidas energizantes. Por ahí dicen que soy el elemento más antiguo del equipo editorial de Máspormás, ¿será?