¿Por qué hay tanto enojo?

Manual

Primer disparo
Porque los mexicanos se sienten engañados. Otorgaron el poder a los que despachan en las oficinas de gobierno -de todos los niveles- esperando resultados dignos y a cambio reciben agravios y decepciones. Ahí están Veracruz, Chihuahua, Q. Roo, Sonora, Morelos. Se oye en las sobremesas, en el camión, en el trabajo: “¿Tú crees que haya consecuencias por estos gobiernos?”, la respuesta que predomina: “No, ellos siempre se salen con la suya”. Los mexicanos aguantamos la humillación. La impunidad es el verdadero negocio de los gobiernos. Pero eso sí, “Las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho”. ¡Por Dios! Díganme, por ejemplo, una “cosa buena” después de la idea de invitar a Trump a México. Díganme una sola cosa buena, una. Trump se burló de México en nuestras jetas, en nuestra casa y más tarde durante su discurso racista en Arizona no cambió un ápice su asquerosa y denigrante manera de ver a los mexicanos: “Ellos pagarán el muro y aún no lo saben”, repitió. Estamos enojados y nos sentimos traicionados.

 

Segundo disparo
¿Por qué hay tanto enojo? Porque Hillary Clinton pagará las consecuencias del impulso que Peña Nieto le dio a Trump; si gana Clinton, tendrá una relación (comercial, migratoria, diplomática) erosionada con México. Y porque yo también creo que si gana Trump, el mundo no se lo perdonará a Peña.

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Tercer disparo
Porque pienso, por ejemplo, en los mexicanos que creyeron que no subirían ni los precios de las gasolinas ni los de la luz. Les mintieron. En su talk show juvenil por su Cuarto Desinforme de Presunto Gobierno el presidente Peña Nieto les dijo a los más amolados de este país: “En 2015 prometí que se habían acabado los gasolinazos, y estuvimos varios meses sin subidas, pero no que el precio de la gasolina no fuera a subir”. Claro, entendimos mal sus promesas. Supongo que por eso hay más masacres o muertos por la guerra contra el narco, porque entendimos mal; más corrupción, más conflictos de interés, más impunidad y más corrupción, porque entendimos mal.

 

Último disparo
Y para acabarla de amolar, nos hemos quedado huérfanos de Juan Gabriel.

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Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.