Carta a la clase política

Quizás eras quien se paraba con más seguridad frente a tus compañeros en la primaria. Por ese motivo fuiste designada para pronunciar discursos incomprensibles cuando venía el inspector de zona para el beneplácito de la directora y tu profesor de Civismo.

Quizás eras quien, en un arranque de molestia por la situación de la colonia, decidiste juntar firmas y encarar a la administración municipal, exigir atención a tu colonia y lograste que, por primera vez desde que se tiene memoria en tu terruño, se escucharan las voces indignadas de tus vecinos.

Quizás siempre fuiste muy sonriente, te gustaba ayudar a las demás personas y en un momento de ocio te invitaron a formar parte de una planilla estudiantil. Después de la campaña ganaron la presidencia y ahí cobraste notoriedad.

Quizás tu familia te enseñó de política desde que naciste. Quizás leíste un libro que te abrió los ojos. Quizás fue tu vocación desde el inicio. Quizás fue el azar, fue la necesidad, fue la vida.

El hecho es que en algún punto decidiste que la política sería tu camino de vida.

Y empezaste a conocer a más personas con las mismas inquietudes, caminaste por colonias que clamaban lo mismo que la tuya, fuiste a un sinfín de reuniones y marchas, te pusiste la playera, perdiste muchas veces.

Y luego ganaste una campaña. Y luego te dijeron que tenías que ocuparte de “cosas más importantes”, te invitaron a restaurantes que no podías pagar, te dieron una camioneta, vales de despensa, dos asistentes y un chofer, te dijeron que “precisabas” de estos privilegios.

Dejaste de ir a los tianguis, dejaste de formarte en la tortillería, dejaste de caminar solo, dejaste a tus amistades, dejaste la vida que llevabas. Y ahora, si te lo preguntan, no sabes cuánto cuestan los alimentos que comes, no tienes idea de qué significa que un camión no te dé la parada, no recuerdas lo que es sentir hambre.

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Este momento de crisis para el país puede ser un momento para que hagas un alto. Recuerda las primeras veces que hiciste política. Esos días de ilusión, de abrazos y de lucha. ¿Los recuerdas? A ti que te dedicas a la política, como yo y muchas personas más, te pido que recuerdes el motivo por el cual dedicas tu vida a esta actividad.

Yo creo que, como muchas otras personas, has tenido momentos difíciles, presiones y hasta amenazas. No digo que no merezcas un salario digno o estabilidad, al contrario, probablemente lo mereces. Pero eso forzosamente te debe hacer pensar que todas las personas en este país lo merecen. No digo que no debas buscar lo mejor para tu familia, al contrario, puede ser tu principal motor. Pero eso forzosamente debe hacerte sensible a todas las familias de este país. No digo que esté mal hacer política, al contrario, es una actividad apasionante y maravillosa. Sólo te pido que no llames “política” a las actividad que le hacen daño a la sociedad, a lo común, a México.

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Tapatío y Gestor Cultural. Interesado en los movimientos sociales, la Poesía, ciudades democráticas y nuevas maneras de entender y hacer la política. Diputado Independiente en Jalisco.