Por qué importa París

 

Hay muertos en Beirut, hay muertos en Afganistán, hay muertos en México, hay muertos en los mares que sirven de esperanza a refugiados, hay muertos en los trenes llenos de migrantes, hay muertos en Turquía, hay muertos en Nigeria, hay muertos en Iraq… hay tantos muertos en el mundo. ¿Por qué entonces nos hemos volcado como lo hemos hecho para reportar y tratar de entender los recientes ataques terroristas en París?

Justo porque es París.

En los días que corren desde las explosiones y balaceras en diferentes lugares de ocio y esparcimiento en la capital francesa, hemos vivido una auténtica borrachera informativa. Millones, literalmente millones de tuits, fotografías en Instagram, transmisiones en Periscope, actualizaciones en Facebook. Hemos visto a la gente correr, llorar y morirse. Nos hemos equivocado retuiteando imágenes ambiguas o noticias no comprobadas. Y hemos seguido pegados a la vorágine informativa en redes sociales y medios tradicionales.

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“Pero ojalá se hubieran comportado así con lo de Ayotzinapa”, reclaman unos. “Ojalá existiese la misma indignación por lo de Beirut”, reiteran otros. Cuando tuiteé que había ido a comer a un rincón francés para abrazar desde lejos la tragedia, muchos me reclamaron que ojalá hubiese comido en un libanés y en un iraquí y en un guerrerense. Y sí, es cierto, no todos los sucesos merecen la misma atención. A veces por habituación (hay lugares en el mundo en que la noticia es que dejen de explotar las bombas), a veces por la geografía del interés (aunque hay que decir que Ayotzinapa ha tenido una amplísima atención mediática en México y el mundo). Es cierto, no todos los sucesos merecen la misma atención. Pero debemos reconocer que así como el atentado en Ankara importó más que los muchos que suceden todo el tiempo en las fronteras turcas por tratarse de la capital, así las masacres en París importan porque exhiben la fragilidad del mundo líquido en el que vivimos y subrayan la manera en que el corazón de Occidente está tocado y es el objetivo claro de las armas que no dejan de apuntar.

París importa porque es París. Porque lo sucedido es la evidencia más clara del fin de un estado de vida. Porque las balas y las bombas terminaron por minar los débiles soportes que aún mantienen vigente la ilusión de libertad, igualdad y fraternidad. Porque los estallidos destazaron aún más las certezas de que un mundo de derechos es viable. Porque al aterrorizar así a París, terminaron por joder lo que ya se venía jodiendo.

Hoy, desde mi rincón chilango sólo puedo abrazar los ideales que se nos han deslavado y no dejo de temer lo que se nos viene encima si los liderazgos del mundo no son inteligentes. Por eso y más es que importa tanto París.

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Escribo, hago radio, doy clases, odio el chocolate, le voy a los Pumas y todavía quiero seguir en México.