Sé tu mascota

Quienes tienen el poder quisieran que las personas fuéramos como sus mascotas. En sus sueños más húmedos imaginan a un pueblo que se sienta, que da la pata y se hace el muertito. Una sociedad amaestrada que hace que el gobernante no se perciba ni solo, ni inútil.

Está de moda tener mascotas. Si las personas comunes y corrientes son felices llevando a un animalillo con correa, ¿por qué los gobernantes no podrían traer al pueblo de mascota? Después de todo el PRI tiene un Tucán de mascota; el Tucán trae a un Piojo y a un Burro de mascotas, el presidente a un secretario de educación (al que maltrata peor que un empleado de +kota) y los maestros traen de mascota al presupuesto educativo. Si hubo alguna vez un Jurassic World, este debe ser seguramente el Mascota´s World.

Me encantaría decir que las personas no se pueden amaestrar y que la condición humana es indomable, pero lamentablemente muchos demuestran cotidianamente que esto no es así. Desde los apologistas espontáneos del Partido Verde, hasta quienes vendieron su voto por 500 pesos, pasando por los militares –reconocidos por su obediencia–, existen seres humanos dispuestos a ser domados, amaestrados, amansados y “amensados”.

El que escribe los discursos de Peña Nieto se la prolongó infinitamente haciendo decir a Peña Nieto que con sus reformas y sistemas de combate a la corrupción está domando a la condición humana. Se imagina que el Presidente es un gran domador que tiene a la bestia bajo control, pero en realidad está domando a una ameba en el estómago de un león. Sería hasta grosero con César Millán decir que Peña es el “encantador de mexicanos”, porque en todo caso sería más bien el “comprador de votos”, y porque además no ha logrado domar ni a su gabinete, ni a los maestros, ni a los narcos, ni a los gobernadores, vaya, ni a su gaviota.

Muchas personas no entienden el valor de compartir la vida con un perro, por ejemplo. Se sienten el Presidente de su casa y creen que el pobre perrito les debe obedecer como un soldado, y que lo pueden maltratar o poner a pelear, cuando es realmente hermoso convivir con una criatura de igual a igual. Dignifica en estos tiempos tan indignos ser empáticos con los seres vivos a nuestro alrededor, como le hace mi amigo Perrodrigo, quien rescata perritos atropellados, aunque los automovilistas del periférico y del viaducto se enojen porque se detenga en medio del tránsito para recogerlos (Acá les dejo el link: http://www.youtube.com/watch?v=4TKG4iTN8Uw).

Ojalá nadie tuviera mascotas, ojalá sólo compartiéramos la vida respetuosamente con quienes tenemos a nuestro alrededor. Pero si no; si quieren domar a alguien, si quieren encadenar a alguien, ponerle bozal, hacerlo obedecer doblegando su voluntad, que dé la patita, se siente y se haga el muertito ¿por qué no se lo hacen a ustedes mismos? ¿Por qué no se vuelven su propia mascota?