La venganza de los geeks

Desde tiempos inmemoriales (o sea, los años 80 y 90), las tribus urbanas de nuestro país encontraron lugares para reunirse: los mirreyes en antros con cadenero, los hippies en Coyoacán y los punks y darketos en el Chopo. Pero los geeks chilangos no tenían dónde: si acaso en un rincón de la prepa a jugar Magic, un par de veces al año en las convenciones de cómics y pues, en internet, virtualmente. Hasta que apareció la Frikiplaza.

Técnicamente se llama Bazar del Entretenimiento y el Videojuego, aunque nadie le dice así. Abrió hace una década como una extensión de la Plaza de la Tecnología (sí, la de Chip Torres) dirigida a los gamers. Como era una especie de Akihabara —el “barrio eléctrico” de Tokio— de petatiux, empezaron a llegar los otakus y luego los kpopers.

Coincidió con que en México dejaron de transmitir series de anime por tele abierta, entonces creció la demanda de devedés con esos contenidos, y de paso la figura de acción, el disfraz, la playera, el póster, puedes preguntar, amiga, sin compromiso. Los locales se fueron adaptando a lo que la nerdiza les pedía y así se expandieron poco a poco. Hoy hay un piso dedicado a la comida oriental, una planta para videojugar y armar torneos, un área para juegos de cartas y espacios para eventos y talleres (por ejemplo, se ofrecen clases de coreano, japonés y chino, ¡y son gratis!).

Es muy bonito ver a los minimillennials reunidos echando el Yu-Gi-Oh!, cantando el éxito del ídolo del momento o comiendo ramen con asombrosa destreza. La mayoría de los que visitan la Frikiplaza es chiquillo, pero también hay buen material para el chavorruco kidult: cómics clásicos, videojuegos vintage, consolas antiguas, juguetes de colección (para los que sólo te alcanza si ya eres ‘godinerd’). Hay diversidad, música, amor, diversión, Pockys, peinados locochones, mercancía insólita y culturas lejanas. Tomen eso, grupitos populares de la escuela: la venganza de los geeks es tener el lugar más alucinante de la ciudad.

La Frikiplaza está en Eje Central 9, frente a la Torre Latinoamericana. Abre de lunes a sábado de 10 a 20 h y los domingos de 10:30 a 19 h.

IP4A8699 copia

IP4A8705 copia

IP4A8710 copia

Compartir
Artículo anterior¡Todo Juan Rulfo para mañana!
Artículo siguienteAmor con franqueza
Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.