Las dos mil y un esculturas

Típico que vas caminando muy tranquilamente por la calle o a bordo del Metrobús cuando de pronto ves a Emiliano Zapata, a Cristobal Colón, a Charles Chaplin y a un paskola sonorense, así, casual, todos juntitos, en la entrada de una construcción. Piensas que ahí a fuerzas tiene que haber algo, ¿no?

Y sí. Lo que ves es la galería-taller de Víctor Gutiérrez, un escultor nacido en la Ciudad de México que lleva más de 40 años trabajando sin parar. El artista es tan prolífico que seguramente te has topado con alguna de sus obras regadas por el país: las manos gigantes y el Jesús de 33 metros que están en el panteón Jardines del Recuerdo, el enorme ‘Padre de la Patria’ que te da la bienvenida al estado de Hidalgo o el Quijote y el Sancho Panza con los que todo mundo se toma la foto en Guanajuato. Además de escultura pública, Víctor también hace piezas por encargo, o sea que cualquiera que desee quedar inmortalizado puede acudir con el escultor.

En el área de su taller puedes ver el proceso de creación de las esculturas. A veces, en el patio, está la pedacería de alguna obra monumental antes de ser armada: eso te hará sentir en un capítulo de Mazinger Z. Por todos lados hay expresidentes, actores, próceres de la patria, arquetipos nacionales, animales, personajes históricos y bíblicos de metal y piedra, de todos tamaños. Víctor calcula que hay alrededor de dos mil piezas. Es como un delirio pacheco.

La galería-taller de Víctor Gutiérrez está en Atzayácatl 51, en la colonia Nueva Santa Anita, muy cerca del Metrobús Andrés Molina (Línea 2).

Si quieres entrar en la mente creativa de este personajazo y encargarle una escultura para tu colección personal, ya sea de alguien famoso o de tu familia, puedes visitar este espacio de lunes a viernes. Víctor es muy accesible siempre, pero te recomendamos que hagas una cita previa en el teléfono 55907101, así nada puede salir mal.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.