Love

Los enemigos de Love (2015) son su publicidad y su ritmo. Y a veces, su director, Gaspar Noé. El 3D no le afecta para bien ni para mal, salvo en ciertas tomas cuando nos arroja falos al rostro. Para algunos pueden resultar excesivas o incluso risibles. Son provocadoras, más que nada, aunque inesperadamente elegantes. Brüno (2009), con Sacha Baron Cohen, nos ofrece un ejemplo excelente de la misma imagen realizada con una sensibilidad más orientada al kitsch. Acusar a Love de pornográfica es innecesario. Sus explícitas imágenes sexuales nos presentan una mirada naturalista, sin miedo a las expresiones eróticas de la gente. No pretenden excitarnos sino presentarnos una imagen franca de dos cuerpos enlazados.

Pero volvamos a los enemigos de Love. La publicidad nos promete una película transgresora e incluso grotesca. En general no lo es. Al reprender los errores y mentiras de su protagonista, Murphy (Karl Glusman), la película defiende la honestidad y se muestra romántica al querer estar hecha con “sangre, semen y lágrimas”. Murphy, el sustituto de Noé en pantalla, explica que así serán sus películas y describe Love. La cantidad de referencias al director y su presencia en el papel de Noé bajo el seudónimo Aron Pages nos muestran que el verdadero protagonista es él.

En su búsqueda de expresarse a sí mismo, Noé mezcla un relato abundante en cabos sueltos con extensas imágenes que representan su sensibilidad pero no sus ideas sobre el amor y el erotismo. La trama es indecisa y su ritmo es pasivo en una historia que requiere más acción que contemplación para explicarse. El resultado es una hilera de imágenes representativas con sensibilidad pero raras veces claras en cuanto a las reflexiones de su creador, quien pareciera tímido. Quizá, como Murphy, teme ser libre.