O Tortuga

Canciones para enamorarse. Canciones para desenamorarse. Canciones para andar en patineta. Canciones para bailar slam. Canciones que viajan directamente desde la cochera en la que parecen haber sido concebidas hasta nuestros oídos, sin escalas o filtros. Canciones de letras inteligibles pero con melodías inolvidables. Canciones que podrían hacer sentir orgullo tanto a Kurt Cobain como a Brian Wilson como a Joey Ramone. Quizá también a Kim Gordon.

LEER COLUMNA ANTERIOR: Los Alabama Shakes se agitan de nuevo

Canciones creadas por cuatro tipos muy jóvenes —dos guitarras, voz, bajo y batería— que formaron esta banda hace tan sólo tres años aquí en el Distrito Federal o como sea que nos vayamos a llamar en el futuro. Canciones rápidas y furiosas (¿Es broma el nombre de O Tortuga?), pero envueltas en un espeso manto de melancolía adolescente. Canciones punkosas que emiten tímidos rayos de sol. Canciones que tienen títulos como Palma linda, Tatiana y Siempre vago. Canciones de baja fidelidad pero alta carga emocional.

 

 

Bienvenidos al primer disco de larga duración de O Tortuga, en el que incluyen piezas que ya habían sido publicadas antes y que habían sonado con fuerza en bitácoras en línea y en radios alternativas. No son los héroes que van a sacar el rock nacional de este aparente letargo en el que se encuentra. No van a llenar estadios. Quizá ni teatros. Además no parecen estar intentándolo: hacen música perfecta para un club pequeño repleto, con un público devoto animado con harta cerveza… y también perfecta para una tarde lluviosa de finales de abril.

 

(Rulo / @ruleiro)