Parásitos en perros de la CDMX

Investigadores de la UAM advierten que la presencia de microorganismos en estas mascotas es mayor que en otras ciudades con rasgos similares, como Sao Paulo.

Al menos uno de cada cinco perros que viven en casas de la Ciudad de México tiene algún tipo de parásito que puede afectar a sus dueños principalmente con enfermedades gastrointestinales, advierte un estudio reciente de académicos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Xochimilco.

La investigación —de las pocas en su tipo en el país— señala que la presencia de estos microorganismos en las mascotas de la capital es mayor a la detectada en ciudades con características similares, como Sao Paulo, en Brasil. En 2010, la Ciudad de México tenía 8.9 millones de habitantes, y Sao Paulo, 11 millones.

Para el estudio, los investigadores abarcaron 12 de las 16 delegaciones capitalinas, de donde recabaron 183 muestras solicitadas a los propietarios de los animales. Se analizaron ejemplares de entre tres meses y 12 años de edad pertenecientes a 12 razas distintas.

La conclusión del documento, titulado Detección de cryptosporidium spp. y otros parásitos zoonóticos entéricos en perros domiciliados de la Ciudad de México, es que el cryptosporidium se encontró en 11% de los canes, mientras que el ancylostomideos estuvo en 3.8% y el toxocara canis o t. canis en 6%.

De estos parásitos, los dos primeros causan diarrea en los seres humanos, un problema que puede afectar especialmente a sectores vulnerables como los niños, los adultos mayores y las personas con VIH-sida, debido a la debilidad de su sistema inmunológico.

Estadísticas de la Secretaría de Salud local (Sedesa), actualizadas hasta 2012, indican que las enfermedades infecciosas intestinales son la séptima causa de muerte en menores y la número 16 para adultos mayores.

Ignacio Martínez Barbabosa, coordinador del estudio, comenta por su parte que el cryptosporidium se encuentra entre la cuarta y la quinta causa para la hospitalización de menores con diarreas agudas.

Además, explica que uno de los factores que dificultan detectar estos parásitos en los perros radica en que es posible que no generen síntomas. Otro es que son resistentes a desinfectantes como el cloro, lo que facilita el contagio a los dueños.

Sobre el t. canis, de éste surge una larva capaz de alojarse en los ojos de las personas infectadas y, con ello, incluso ocasionarles ceguera.

Martínez Barbabosa advierte de la situación y explica que es más sencillo localizar este parásito en los patios de casas, con una frecuencia de 16.7%, que en jardineras públicas (13.3%) y en parques (10.9%).

Con relación al tema, Máspormás solicitó entrevista con la Sedesa, pero no obtuvo respuesta antes del cierre de edición.

¿Un problema aún mayor?

Si bien el estudio de los investigadores de la UAM Xochimilco advierte de un potencial problema de salud pública, otros especialistas consideran que no lo dimensiona correctamente pues la gravedad del mismo es aún mayor.

Una de estas voces es la de Juan Pablo Martínez Labat, jefe del laboratorio de parasitología de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A decir de este experto, la presencia de cryptosporidium en perros es superior a 11%. Considerando también a los canes callejeros que hay en la ciudad, este porcentaje puede ser de 70%, señala Martínez Labat, citando un estudio realizado en el antirrábico de la delegación Iztapalapa, al oriente de la capital mexicana.

Otra situación de la que advierte Martínez Labat es que alrededor de 70 enfermedades son las que pueden pasar de perros y gatos a seres humanos. Lo anterior, agrega, obliga a que los dueños de mascotas sean más estrictos con el cuidado de los animales, los desparasiten regularmente y cambien sus hábitos.

“Hay que tratar de evitar humanizar a los perros y de animalizarse uno. Las personas tienen una convivencia muy cercana con los animales y los tratan como si fueran seres humanos. Eventualmente esto favorece la transmisión de las enfermedades entre la gente y los animales”, sostiene.

En 2014, una encuesta de la empresa Consulta Mitofsky señaló que 55% de los hogares del país tiene algún tipo de mascota. Las más comunes son los perros, que representan más de 80% del total, y de las cinco regiones en que se divide el país, la que tuvo el mayor porcentaje de familias con mascotas fue el centro, a la que corresponde la Ciudad de México.

Además, de acuerdo con estadísticas del gobierno de la ciudad, en la capital de la República hay alrededor de 120 mil canes callejeros. Se estima que, cada año, cerca de 30 mil son sacrificados en el Centro de Control Canino.

Para prevenir contagios

Expertos dan estos consejos para que los dueños de mascotas eviten enfermarse:

  • Una de las sugerencias básicas es recoger las heces del perro cuando sale a pasear, dice Juan Pablo Martínez Labat, jefe del laboratorio de parasitología de la FES Cuautitlán.
  • Además, señala el especialista de la UNAM, las heces deben ser desechadas de forma adecuada. Para ello se recomienda separarlas y colocarlas junto con los residuos orgánicos.
  • Otro consejo es limpiar constantemente el área donde la mascota pasa el día. Con esto se previene que se contagie o que, si enferma y sana, vuelva a recaer.
  • También se sugiere desparasitar al perro periódicamente. Los plazos pueden variar de acuerdo con la zona donde se vive y, para definirlos, se recomienda consultar con el veterinario.
  • Algunas ONG aconsejan desparasitar cada tres meses, así como vigilar que la sustancia usada sea de amplio espectro y, por ende, pueda acabar con una amplia variedad de parásitos.

¿Hasta entre los perros hay razas?

Otra conclusión del estudio elaborado por los investigadores de la UAM Xochimilco es que los perros más propensos a tener parásitos son los más jóvenes que tienen pelo largo, como los golden retriever, o los criollos. Sin embargo, Juan Pablo Martínez Labat, de la UNAM, cuestiona esos resultados. A decir de este académico de la FES Cuautitlán, la raza de un perro no es un factor determinante en esta materia. En cambio, agrega, sí lo son otros como su estado de salud y la fortaleza de su sistema inmunológico.

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Reportero, ciudadano y cuasi adicto –en recuperación– de las bebidas energizantes. Por ahí dicen que soy el elemento más antiguo del equipo editorial de Máspormás, ¿será?