Arquitectura patrimonial 100% naucalpense

acueducto en Naucalpan
Foto: Tamara de Anda

¿Conoces este acueducto en Naucalpan?

“¡Yo también quiero subirme a los arcos!”, le dice una niña chiquita a su mamá en tono berrinchudo, señalando a un muchacho que, más de diez metros arriba, avanza haciendo equilibrios sobre un estrecho camino. “No, hija, ya ves la joven que se trepó la semana pasada, que se cayó y se mató”. Mientras la señora relata el trágico acontecimiento, en las alturas el chavo sigue como si nada, aunque desde abajo parezca un acto circense. No es el único: varias personas utilizan la estructura de este acueducto en Naucalpan como atajo; a otros les gusta sentir la adrenalina o lucirse con sus amigos. Casual.

Este vestigio arquitectónico fue un acueducto construido en el siglo XVIII (ajá, así de viejo) para abastecer de agua al pueblo de Los Remedios y sus alrededores. Y no es tan antiguo como las dos torres que se encuentran poco más allá de sus extremos, las cuales fueron respiradores de un sistema hidráulico previo que no les funcionó (desde el Virreinato metían la pata en obras de ingeniería). Hoy se conocen como los caracoles y son… ¡del siglo XVII! Ash, pero los tienen ahí aventados, olvidados. Uno por lo menos está enjaulado, pero el otro está a merced de grafiteros y borrachos que se hacen pipí. Como sea, son imponentes y muy bellos.

A unas cuadras del caracol oriente, sobre Vicente Guerrero, antes de llegar a la calle Tejocote, hay una tienda de abarrotes llamada La Nueva. Es de una familia de remedienses que te pueden contar de la transformación del pueblo, y que todavía recuerdan su infancia bucólica. “Ahora ya está bien inseguro, ya ni se puede sembrar porque le roban a uno la cosecha”, lamentan. Sin embargo, están tan felices de su terruño que venden impresiones de fotos históricas de los alrededores: ahí se ve cómo hace 100 años las únicas construcciones discernibles eran el acueducto, los caracoles y la Basílica de Nuestra Señora de los Remedios. Todo lo demás eran magueyes.

Ellos no son los únicos locales que abrazan orgullosamente su identidad. De hecho, Los Remedios metió en 2015 su solicitud para obtener su certificación para ser Pueblo Mágico. Entre que sí y que no, y por si el INAH no se pone las pilas para conservar esta arquitectura, hay que darse una vuelta.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.