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"¿Se acabó la guerra del narco?", por @diegoeosorno

“Pareciera que solo estamos en un trance en el que luchan los impulsores de la necropolítica y los de la narcopolítica.”

DIEGO ENRIQUE OSORNO / @diegoeosorno

2 de Febrero 2014

Acá en el noreste de México tenemos a un político al que le dicen “El Bronco” y que, para bien y para mal, honra su apodo. Se llama Jaime Rodríguez y hace unos días lo escuché dar un dato estremecedor en una entrevista radiofónica con el periodista Mario Gámez: en Nuevo León un policía gana el doble de sueldo que un maestro. Verifiqué de inmediato la tabulación salarial del estado y encontré que desde 2011 los efectivos de la nueva policía, llamada Fuerza Civil, perciben entre 15 mil 148 y 21 mil 045 pesos al mes, mientras que un maestro de primaria recibe como pago entre 5 mil 287 y 7 mil 603 pesos.

Los policías de Nuevo León no ganan el doble que los maestros: ganan casi el triple.

Diego Enrique Osorno
Reportero independiente. Autor de cinco libros de crónica sobre el México del siglo XXI. El más reciente “La Guerra de los Zetas”. Colaborador de diversos medios nacionales e internacionales. Fundador de Bengala, agencia dedicada a creación y desarrollo de historias para cine y televisión. Dirige www.elbarrioantiguo.com. Vaquero de mediodía.

Esta aberración es uno de los tantos efectos visibles de la necropolítica implementada durante la anterior administración federal. No sólo el expresidente Felipe Calderón usó políticamente el tema del combate al narco para legitimar su dramática llegada al gobierno. Gobernadores y alcaldes, pero sobre todo jefes policiales, mandos militares y empresarios del ramo de la seguridad se montaron y alentaron, como buenos halcones de guerra, esta estrategia a todas luces fallida, para llevar a cabo jugosos negocios a costa de la muerte y el sufrimiento. Fracasaron en su misión de dar seguridad a la población, pero tuvieron éxito en sus particulares planes pecuniarios: nunca como en los años recientes, a costa del presupuesto del sector educativo y social, aumentó tanto el de la secretaría de la Defensa Nacional, el de la Marina y el del ramo de Seguridad Pública Federal. El sexenio pasado dejó a miles de civiles en luto y a cientos de halcones de guerra en la riqueza.

¿Y qué está haciendo el nuevo gobierno federal en cuanto al combate al narcotráfico? Uno de los periodistas latinoamericanos mejor informados, el salvadoreño Carlos Dada, me preguntaba por qué en el extranjero, en tan sólo un año, dejaron de escuchar que México era un país que se hundía en un derramamiento de sangre imparable para oír que ahora era el país de moda en América Latina. ¿Acaso se acabó la guerra del narco?

Lo primero que hay reflexionar es que el gobierno de Enrique Peña Nieto -fiel a su táctica habitual de primero la forma y luego el fondo- hizo un cambio radical en el tema, pero en el área de imagen gubernamental. La anterior administración federal tenía una errática estrategia de comunicación social en la que por momentos se resaltaba la palabra “guerra” en su narrativa y en otros la combatía , mientras que por su lado, Felipe Calderón abordaba el tema del narco ante la opinión pública como si fuera el procurador y no el presidente de la república.

Las cosas cambiaron. Ahora tenemos un presidente que nunca ha mencionado el nombre de Joaquín “El Chapo” Guzmán y un equipo de comunicación social dirigido por David López, un experto en el tema, nacido en Sinaloa, que opera a diario de múltiples formas para sacar los hechos delictivos de las portadas